Cuando la contaminación inmoral llega a los extremos a que hemos llegado, la gente de tanto defenderse se acostumbra, y al acostumbrarse nada le parece anormal y hasta defiende el sistema. Del "qué cosa quieres que haga", se pasa al "en otros países es peor". Ya nada causa asco. Es la fuerza de la costumbre. ...[leer más]