Kyrie
Kyrie eleison Christe eleison
Kyrie eleison
Señor ten piedad de nosotros
Cristo ten piedad de nosotros
Señor ten piedad de nosotros
Perú, es el mismo nombre que se da a la Patria, al país, a la nación y a la república. No porque se llamen igual significan lo mismo. Yo, al hacer la autopsia a mi Patria la hago a lo único que ha fallecido, porque el Perú como país es el espacio donde ella habitaba, esa área geográfica sigue allí. La Nación Peruana, o mejor dicho las varias naciones que habitan el Perú -criollos, indígenas andino, selváticos, blancos, etc.- todavía deambulan dentro de esos límites. República, es la forma de gobierno que administra al país y a su población; tengo que aceptar que ese decrépito, ineficiente e inútil aparato burocrático todavía existe.
Lo que ha muerto es lo más importante, su ausencia hace que todo el resto haya perdido su sentido.
Patria es, más que todo, futuro. Nuestra historia, religión, lengua, música, educación, costumbres, tradiciones, triunfos y derrotas, nos liga, pero este lazo de unión sólo existe en cuanto queramos hacer algo con él. Si no hay futuro, no hay Patria. Si no hay mañana, el hoy se hace inútil. ¿Qué sentido tiene sembrar sabiendo que no habrá cosechas? El sentimiento patriota sólo puede cristalizarse cuando hay esperanza, sin ella todo es ripio. Nada tiene significado sin la aurora.
Y afirmo que no tenemos aurora ni futuro porque la historia que nos enseñaron es falsa, no practicamos una religión común, lo que hacemos es fetichismo tribal e intrascendente, la lengua castellana y la de las inmensas poblaciones indígenas nos desune, no compartimos la misma música, tenemos dirigentes ignorantes que creen saber todo, nuestras costumbres son malsanas, se han perdido las tradiciones, festejamos triunfos inexistentes y no reconocemos nuestras derrotas. En resumen, no tenemos futuro porque estamos en estado de descomposición, y hemos llegado a este extremo debido a que hemos vivido engañados.
Examinemos por ejemplo nuestros símbolos. Es decir la forma cómo representamos al Perú.
Los símbolos de mi Patria son el Himno Nacional, la Bandera y el Escudo. Un cínico podría decir que representan fidedignamente nuestra condición hipócrita, superficial y falsa.
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El Himno Nacional tiene una bella música, cada vez que la oigo siento que mi piel se eriza, me uno a los millones de peruanos que la cantan, me identifico con el soldado de la banda militar que toca el bombo, siento la vibración del terso cuero, golpeado al mismo tiempo que se estrellan entre sí los chillones platillos. La sensación patriótica, más bien dicho patriotera, que me infunde, la pierdo cuando examino su origen y su contenido.
Se estrenó en 1821, cuando el Ejército Realista todavía controlaba casi todo el Perú. Es decir cuando no éramos ni libres ni independientes.
San Martín lo escogió entre seis piezas concursantes. La música la compuso el maestro José Bernardo Alcedo, la letra se le atribuye a José de la Torre Ugarte. Ultimamente he oído que se niega que él la haya escrito, no me sorprende que nadie se sienta responsable de ella.
La letra comienza declarando que "somos libres", cosa que era falsa. Continúa haciendo una apocalíptica apuesta: si faltamos a la promesa de mantenernos libres, aceptaremos un eclipse total por el resto de nuestros días. Esta frase recuerda los tiempos homéricos, cuando los dioses luchaban en contra o a favor de los hombres y movían las fuerzas de la naturaleza a su antojo.
Sigue el himno relatando patéticamente el "largo tiempo" de opresión a la que estuvo "condenado" el peruano, gimiendo hasta que oyó en la "costa" la palabra "libertad", entonces sacude su "indolencia de esclavo" y levanta su "humillada cerviz".
- ¿La palabra "libertad" vino de la costa? ¡Esa es una asquerosa patraña! San Martín quiso ganarse indulgencias con Ave Marías ajenas. Antes de San Martín muchos próceres indígenas habían dado el grito de ¡libertad!, grandes guerras se habían llevado acabo para independizarse; y no sólo eso, fue en la sierra donde se consumaron las batallas por la independencia y fueron mayormente serranos nuestros soldados patriotas.
Por otro lado, gritar "somos libres" durante casi doscientos años suena ridículo. Además, recuerdo vagamente que hay un segundo párrafo que no se canta frecuentemente, pero no ha sido eliminado. ¡Se amenaza con ir algún día a las costas de España para cobrarse la revancha! Imagínense, ir a Europa para vengarnos de los españoles. Suena onírico, perdón, más bien fellinesco.
- ¡Hea! Los que deseen vengarse de la Madre Patria que se apunten en la carabela Santa María que acabamos de restaurar.
- Yo señor.
- Su nombre
- Napoleón.
A nuestro Himno Nacional debíamos haberle puesto una letra que representase nuestros ideales, lo que aspirábamos a ser. Debíamos haber prometido nuestro compromiso al trabajo, a la unión nacional, y amor al agreste territorio que tenemos.
Admito. Es verdad. Nuestro Himno Nacional realmente simboliza nuestra mentalidad: una música agradable con un contenido mendaz.
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La Bandera del Perú es parecida a la canadiense, tiene tres franjas verticales, las rojas en los extremos y la blanca al centro. Los canadienses pusieron en el medio lo que tienen en abundancia, la hoja de maple. Nosotros pusimos lo que no tenemos.
Pero veamos primero los colores. Recuerdo haber oído que el rojo era por la sangre de nuestros mártires derramada en la lucha por la independencia, y el blanco por la paz que esperamos encontrar en ella. Alguna vez, me contaron unos sacerdotes que era en conmemoración de los santos y santas peruanos. También he escuchado la tradición del general San Martín, que habiendo llegado a la bahía de Paracas, se despertó una mañana y vio unas aves con esos colores.
Cualquiera que sea el origen, el rojo y blanco no tienen ya sentido. Pienso que si el asunto es representar figurativamente la presente situación, el color de la bandera debería ser un rojo claro, como sangre aguada. Esto sí representaría es estado de salud físico y moral de los habitantes. Si alguien considera ofensivo el rojo anémico la bandera debería ser de color negro cóndor, en respeto al duelo de tantas familias asesinadas por balas y por hambre. Hay lógicamente una alternativa menos trágica, se podrían considerar los colores de las tres regiones naturales, sobre las cuales no hay discusión: el azul de nuestro generoso mar, el marrón-gris de nuestros Andes y el verde de la selva amazónica. Resumo, nada en Perú es rojo, rojo, ni blanco, blanco. Todo está sucio y desteñido.
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El Escudo de nuestra bandera es una burla a la realidad nacional. Se quiso, y es posible que tuviera algún fundamento, representar lo más sobresaliente de los tres reinos naturales del Perú: el árbol de la quina, la vicuña, y el cuerno de la abundancia.
Hay que agradecer la buena voluntad del artista, no así su visión. El árbol de la quina del cual se extrae la quinina fue divulgado por la esposa del virrey Conde de Chinchón, "la Chinchona", para el tratamiento del paludismo. Actualmente no sirve para gran cosa. Quizás el agua tónica tiene algo de reminiscencia a la quinina y eso es todo.
Creo que el árbol de la quina se debería cambiar por el árbol de la coca, esta hoja se viene consumiendo abiertamente en los últimos siete siglos por una buena parte de los indígenas. Reemplaza sus alimentos y consuela sus penas. Últimamente es el producto que más se exporta a los países industrializados. Nuestra actual economía depende de la coca, pues bien, reconozcámosla como tal en nuestro escudo.
La vicuña está casi extinguida, se le debería sustituir por la rata, es lo que más se ve en nuestras ciudades, especialmente en los edificios públicos. Todo está contaminado, hay ratas por todas partes, se roban todo, y destruyen lo que no se pueden comer.
El cuerno de la abundancia, por donde se ve salir interminablemente monedas de oro, es el sarcasmo más grande de todos los símbolos del escudo. Si lo que se exige es poner un representante del reino mineral, estamos en un serio problema. Lo más aproximado sería el polvo, vemos polvo invadiendo ciudades, pueblos, bibliotecas, cerebros, corazones. Todo está empolvado. Hemos innovado la profecía religiosa, ahora en vez de decir: "Eres polvo y en polvo te convertirás", podemos afirmar, "Eres polvo y lo sigues siendo".
Si habría que hacer un nuevo escudo yo realmente propondría a la papa, por ser originaria del Perú y el alimento que más ha contribuido y contribuye a la alimentación del país y del mundo. El reino animal estaría representado por la anchoveta o el bonito, la riqueza del mar es un factor vital para nuestra alimentación con un inmenso potencial a explotar. Para el reino mineral pondría a la piedra, es lo que más abunda, sirvió con largueza a nuestros antepasados en la construcción de fortalezas, casas y templos. Puede ser aún muy útil y nos sobra mano de obra para trabajarla.
Los símbolos de nuestra Patria al tratar de mostrar lo que no tenemos representan efectivamente la hipocresía de la que hacemos gala.
Toda esta discusión es inútil. En el entierro de mi Patria sobran los discursos y los himnos. En vez de marchas fúnebres tocaremos yaravíes con quenas y antaras. Después cubriremos todos los escudos y banderas con ponchos negros.
- Ahora es tiempo de llorar.
- Lloremos, pues.
Entrando ya en materia es conveniente averiguar dónde está el cuerpo del delito. Es decir, saber realmente dónde se encuentra el Perú, porque muchos compatriotas creen que estamos no sólo en el centro del planeta sino del universo, en un sistema ptolomeico en el que todo gira alrededor nuestro.
- ¿Exagero? Pregúntenselo a los de Sendero Luminoso, a Alan García, a Fernando Belaúnde y demás políticos.
Francamente, el lugar de la tierra donde se encuentra el Perú no es motivo para felicitarse. No obstante algún resignado podría decir que hay peores sitios. Al margen de discusiones estériles, lo importante es saber dónde estamos y con qué contamos.
La afirmación inicial que haría cualquier persona medianamente educada sería: el Perú está en el hemisferio sur junto a otros países del tercer mundo. Algunos de mis paisanos se consuelan tontamente diciendo que gracias a estar en Sudamérica no participamos en dos guerras mundiales y en otras sangrientas revoluciones o guerras regionales de este siglo. Esta estúpida declaración no pone en la balanza la cantidad de muertos que hemos tenido por falta de higiene, nutrición y educación. Tendríase que añadir así mismo las muertes prematuras por inexistencia de servicios médicos, programas de vacunación y medicinas. Deberíase incluir, además, la corta expectativa de vida del peruano y sus altos índices de mortalidad infantil, etc, etc. Al terminar todas las sumas y restas veríamos que las muertes injustificadas e injustificables de un país del hemisferio sur, como el Perú, excede en millones a las muertes de un país del hemisferio norte. El consuelo de haber evitado guerras mundiales es propio de mentes idiotizadas.
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Busco al Perú en un atlas mundial. Efectivamente estamos en el hemisferio sur del planeta, al lado occidental de Sudamérica. Miro la costa y corro mi índice por todo el océano Pacífico, después por el siguiente, el Indico. Es sólo pasando éste que mi dedo se detiene en tierra firme: ¡Llegué al Africa!, a las costas de Tanzania y el norte de Mozambique. ¡Increíble!, hasta allí todo es agua salada.
Repito el camino por temor de haberme equivocado, esta vez me fijo bien dentro de qué paralelos se ubica el Perú. El pueblo de Güepi es el más septentrional, está casi sobre la línea ecuatorial, es decir el paralelo cero. Dieciocho grados al sur está la ciudad de Tacna. Con cuidado muevo mi dedo sobre el océano Pacífico. Recorro una cuarta parte del globo y no encuentro nada. Tomo una lupa y distingo la primera isla, tiene un nombre muy exótico, Pakapuka, después voy a Pago Pago. Levanto el índice en Guadalcanal, me acuerdo de la guerra. Lo bajo en la siguiente mancha, es una isla primitiva, Papúa, está sobre el norte deshabitado de Australia. Continúo a otra isla, Borneo, ésta es más salvaje que Papúa, me asusto, aquí se comieron a un hijo de Rockefeller. Paso rápido a Java donde queda la capital de Indonesia, Yakarta. Hasta allí he recorrido literalmente medio mundo y no he llegado a ningún continente. No estoy fatigado. Sigo deslizando el dedo sobre océanos y mares infestados de piratas.
Llego por fin al Africa, efectivamente es Tanzania, descanso el índice sobre su capital, Dar'es Salaam. He navegado las tres cuartas partes de la tierra.
Todos los vecinos frente a nuestras costas están muy lejos, no me importa lo que haya querido demostrar la Kon Tiki.
Para completar el vistazo general a la situación geográfica estoy obligado a decir que el Perú no se encuentra en camino a ningún lado. Por aquí no se pasa a otra región u otro país. Aquí los pocos que vienen, llegan; concluida la visita regresan por donde vinieron. No somos puertos de entrada a grandes mercados, como Hong Kong o Singapur. Hasta nuestros hermanos más al sur, Chile y Bolivia, transitan cada vez menos por nuestros puertos, los modernos medios de transporte lo hacen innecesario.
Terminada la mirada al atlas, examino ahora el mapa del Perú. El que tengo está bien impreso, pero me gusta más el que me enseñaron a hacer en la escuela aunque nunca lo premiaron.
Con un lápiz negro, de punta a la vez dura y quebradiza, dibujaba la silueta del Perú con una línea que arrancaba desde la costa, a la altura de Lima por supuesto. Yo no lo sabía todavía, los profesores de los cinco colegios donde estudié, sí: todo lo que se haga en el Perú tiene que comenzar en la capital. Después subía el lápiz hacia arriba separando nuestra costa del océano Pacífico. Cuando llegaba a Piura me abría algo hacía el mar y después de una vuelta entraba en el continente, tenía que separar nuestras tierras del Ecuador, ah... Ecuador, entonces subía mi lápiz al norte, sin miramientos, toda la selva era nuestra. Estando bien arriba topaba con Colombia, rápidamente bajaba por el río Putumayo yendo a buscar el Amazonas. No podía llegar a su confluencia, los colombianos nos forzaron a dejar la vía fluvial y encontrarnos con el Amazonas siguiendo una línea recta a través de la selva; cogía la regla para trazar esta antinatural frontera y se rompía la punta por el esfuerzo.
Descansaba mientras daba vueltas al tajador para sacar una nueva punta al lápiz. La parte más difícil venía ahora, tenía que bajar al sur siguiendo otro tributario del Amazonas que nos separa de Brasil, es el río Yavarí. La selva confunde, había que consultar varias veces la pizarra o el libro y utilizar el borrador constantemente. La pulcritud del mapa estaba arruinada, por eso nunca me dieron un premio. Seguía titubeando hasta llegar a Bolivia, por allí el territorio era conocido. El Lago Titicaca me salía perfecto.
Terminar el perímetro era un paseo. Un poco más al sur separaba a Chile y regresaba por la costa nuevamente a Lima. Repasaba la línea con tinta procurando no manchar el papel y ponía los nombres de los países limítrofes con letras grandes. Nunca olvidé escribir con exagerada exactitud el nombre del lago Titicaca de modo tal que las dos primeras sílabas quedasen del lado peruano.
Llegaba entonces el momento de dibujar los Andes, los comenzaba por el nudo de Vilcanota, cerca de Bolivia, de allí salían dos ramales paralelos a la costa que se unían a la altura de Lima, en el nudo Pasco. Surgían en este punto tres cadenas y un cachito, la cordillera blanca. Las tres ramas de cerros se volvían a reunir un poco al norte del Perú, en el nudo de Loja. Los profesores siempre insistían en decirnos que ese territorio perteneció un día al Perú.
Terminado los Andes, sacaba de mi cajita de siete colores, el lápiz azul y el verde, para pintar el mar y la selva respectivamente. Había acabado feliz mi tarea. Antes de recoger los trabajos los profesores nos hablaban de las grandes riquezas naturales del Perú. Yo, con toda la clase, soñaba complaciente el futuro maravilloso que me esperaba. Una popular canción confirmaba lo aprendido, hablaba de ricas montañas, fértiles tierras y risueñas playas. En ningún momento dudé lo que mis maestros me decían: el Perú es el país más rico del mundo.
Este infantilismo aberrante ha persistido en la mente de nuestro pueblo hasta estos días. Lo malo es que no tiene trazas de desaparecer.
Veamos a los países vecinos. Del lado este, compartimos con Brasil la impenetrable selva amazónica, y con Bolivia su triste pobreza.
El estado brasileño limítrofe se llama Amazonas. Es más grande que todo el Perú, tres veces más grande que España, y no llega a dos millones de habitantes. La tercera parte de ellos vive en su capital, Manaus, puerto situado a la mitad del largo río Amazonas. La escasa densidad de población de ese estado brasileño es similar a su vecino, el peruano departamento de Loreto, donde viven 600 mil almas en una extensión de 380 mil kilómetros cuadrados. También la tercera parte de los loretanos vive en Iquitos, puerto fluvial cerca del nacimiento del Amazonas.
Debajo de Brasil, siempre al este, se encuentra el altiplano de los Andes, por allí limitamos con Bolivia, país que nunca tuvo la más mínima posibilidad de llegar a ser algo, ni aún con toda la riqueza del estaño que explotaba hace unas décadas un curioso boliviano llamado Patiño, distinguido miembro del jet-set mundial de esos tiempos.
Bolivia está lleno de buena gente, humilde, pobre e ignorante. Perú estará peor dentro de pocos años porque vivimos además en una violencia generalizada. Ojalá que no les contagiemos.
Culpar del atraso boliviano a su condición mediterránea es injusto, hay otros problemas estructurales y políticos más graves. El hecho de que Chile le haya quitado su puerto en el Pacífico no es razón para que sus revoluciones y golpes de estado den como promedio de permanencia en el poder 16 meses desde que Bolívar la independizó del Perú en 1825. En estos últimos años goza de un gobierno estable que todos esperamos dure mucho mas.
¿Comerciar con Bolivia?, por favor, qué chiste cruel. Bolivia importa menos que Haití o Mongolia, otro pueblo mediterráneo. ¿Qué le podríamos vender? ¿Cómo lo pagarían? No, desgraciadamente lo único que podemos intercambiar son penas y frustraciones.
Nuestro compartido lago Titicaca, el más lato del mundo, récord que no sabemos para qué diablos sirve, es el símbolo de dos pueblos explotados. Lo que verdaderamente nos une a Bolivia son las naciones quechuas y aimaras, ellas observan con paciencia india cómo desaparecen sus esperanzas.
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La situación por el norte con Ecuador y Colombia es parecida, aunque no a tal extremo.
Nuestras relaciones con Ecuador no han sido todo lo buenas que deberían ser debido a problemas limítrofes explotados, en momentos de aprieto, por políticos de ambos países.
La historia es vieja: Atahualpa, el último Inca, nació en Quito, era pues ecuatoriano, él derrotó y ejecutó a su medio hermano Huáscar que era peruano y reinaba, como todos sus antecesores, desde el Cusco. Mal tiempo para pelear entre hermanos porque Pizarro se encargó eficientemente de acabar con los dos bandos. Los aventureros españoles oyeron en Ecuador la leyenda de El Dorado. Años después Francisco Pizarro transfirió su cargo de Gobernador de Quito a Gonzalo Pizarro y le autorizó a descubrir El Dorado. La expedición partió del Cusco, cuando llegaron a Ecuador se incorporó como Lugarteniente, Francisco Orellana que era Capitán General de Guayaquil.
La expedición pasó terribles penurias, muchos fallecieron de hambre y de fiebres tropicales. Estando en el río Coca -sí Coca- como El Dorado de muchos drogadictos, Orellana se ofreció de voluntario para ir a buscar comida. Partió en una precaria embarcación y nunca regresó por Gonzalo. Descubrió el río Amazonas el día 12 de febrero de 1542 y lo siguió hasta llegar al océano Atlántico, atravesándolo para informar de su descubrimiento a Carlos V. Gonzalo Pizarro pudo regresar vivo a Quito para encontrar que su hermano Francisco había sido asesinado y que su título de Gobernador de Quito no había sido refrendado por la corona.
Las preguntas que comenzaron nuestras disputas fueron: ¿en nombre de quién se descubrió el Amazonas?, ¿de Gonzalo, gobernador no confirmado de Guayaquil?, ¿de su hermano Francisco, quien desde Lima autorizó la expedición?, ¿de Orellana, que salió de Guayaquil?
- Que le pregunten a los miles de indios que mataron durante la expedición.
Los mapas de esas épocas no eran precisos, nadie con ganas de descubrir El Dorado pensaba en tomar nota de los detalles geográficos. Habría que mencionar la escasa educación y abundante ambición de los conquistadores.
Más tarde en la colonia, la Real Audiencia de Quito formó parte del Virreinato del Perú hasta 1739, año en que se le transfiere al Virreinato de Nueva Granada (Colombia). Aparecen por esa época incongruencias en los mapas que, por pertenecer al mismo reino, no desatan mayores polémicas. En algunos, las actuales provincias peruanas de Tumbes, Jaén y Maynas aparecen en el lado ecuatoriano, y en otros en el peruano.
Pasan los años y Ecuador se independiza de España para formar parte de la República de la Gran Colombia. Ahora independientes, el problema en las fronteras se agrava porque los peruanos tenían sus mapas y fundamentos legales y los ecuatorianos igual cosa. Las poblaciones en las zonas disputadas tenían poco que decir, sin embargo por su mayor proximidad al área de influencia peruana se les podrían considerar dentro de ella. En esta nueva etapa, entra en juego la irresponsabilidad de los políticos que, queriendo distraer la atención del país durante los períodos en que bajaba su popularidad, desataron extemporáneas reclamaciones y hasta varias guerras.
La primera confrontación bélica, al comienzo de nuestra vida republicana, la inició el mismo "Libertador" Simón Bolívar después de haber perdido la Presidencia Vitalicia del Perú y cuando se aferraba angustiosamente a la presidencia de la Gran Colombia. El último conflicto armado fue en 1941, al año siguiente se firmó el Protocolo de Río de Janeiro, teniendo como garantes a Chile, Brasil, Argentina y Estados Unidos. Este último es el único que puede cumplir, o no cumplir un pacto, todo es resto, a obedecer. Así estaban las cosas hasta que Fujimori viajó a Ecuador en 1992.
Lo que se ha quedado de todo este embrollo son límites "casi" firmes y actitudes recelosas. Una verdadera lástima.
Lo siento pero no he acabado con el tema. Existen setenta y tantos kilómetros que no fueron amojonados, (por si alguien no lo sabe mojones se llaman los hitos que señalan la división de un lugar). En esa agreste zona pueden haber variaciones, dependiendo del criterio del ejecutor, de algunas decenas de kilómetros cuadrados de selva impenetrable, y esto es suficiente para que surjan mutuas acusaciones de incumplimientos, de invasiones, e intentos de renegociar las fronteras.
El manejo de las masas en épocas de tensión es increíble, se hacen declaraciones de patriotismo en pueblos que se hunden en la corrupción. Se realizan manifestaciones y desfiles populares en ciudades que nunca se juntan ni para limpiar sus calles. Se insulta a los ecuatorianos llamándolos "monos" en periódicos, revistas y radios. No me extrañaría que ellos hagan lo mismo diciéndonos "gallinas". Todo esto es manipulado por políticos y militares, unos quieren disimular su baja popularidad y los otros desean que se les dé más dinero para comprar armas y aprovecharse de las comisiones ilícitas que pagan los traficantes y proveedores.
El pueblo ecuatoriano es principalmente un pueblo andino, tenemos una historia común, sin embargo, es un pasado más reciente el que nos ha privado el privilegio de llegar a ser buenos hermanos. Una verdadera lástima.
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Por el sur limitamos con Chile, quienes nos ganaron la guerra de 1879. Ya habíamos sido derrotados por ellos en otras ocasiones, esta era la segunda vez que se paseaban por Lima. Nos quitaron Arica y Tarapacá, y por un "tris" no se quedaron con Tacna. Se apoderaron de poblaciones auténticamente peruanas. Ahora en esas usurpadas tierras viven poblaciones auténticamente chilenas. ¡A voltear la página!
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Seguimos. No... un momento... me falta Colombia. Se encuentra entre Ecuador y Brasil, también nos ganaron varias guerras militares y diplomáticas.
- ¡Hombre! la verdad es que hemos perdido muchas.
- Mejor continúo.
El territorio colombiano que limita con el Perú se llama también Amazonas. No hay mucha imaginación para poner nombres, todos los países están obsesionados por el río, hasta Ecuador se autotitula "país Amazónico". Este Amazonas colombiano no tiene la categoría política de Departamento, tampoco es Intendencia, es solamente una Comisaría. ¿Quéee?, leo una vez más. Efectivamente es una comisaría pero con una superficie mayor a Portugal o Austria, casi como Cuba. Está poblada por treinta mil personas, dieciocho mil de ellas viven en su capital Leticia, puerto que fue alguna vez peruano y lo perdimos, está sobre el río Amazonas en un rinconcito que ganaron los valientes colombianos.
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Bueno, ahora si. En resumen: estamos rodeados de selva, de miseria y de suspicacia. ¡Qué vecinitos tenía mi Patria!
Dicho de otra manera: los vecinos no han sido ni son importantes en nuestro "desarrollo". Los nuevos retos financieros y tecnológicos indican que tampoco lo podrán ser en el futuro. No niego, y lo repito, no niego que una unión económica, política o cultural podría ayudar algo, pero cuidado en creer que solucionará nuestro problema, y menos que aliviará la responsabilidad de nosotros para con nosotros mismos. Lo que me enerva ¡carajo!, es oír engañosas voces que ensalzan las virtudes de una lejana comunidad latinoamericana, quitando de los hombros de nuestros compatriotas la sólida y pesada tarea de trabajar cotidianamente con honradez y responsabilidad. Esta es la única manera de progresar.
Miro a los falsos profetas de utopías latinoamericanas y encuentro que lo único que han buscado, y siguen buscando, es el poder político y horadar el presupuesto de las naciones en su propio beneficio.
La verdadera unión latinoamericana llegará cuando se cumplan dos requisitos. Primero, que cada uno de sus miembros esté integrado en su propio país (si no hay integración entre las diferentes regiones y poblaciones del Perú, cómo vamos a aspirara unirnos a países con similares problemas). Segundo, que sus habitantes sean más fuertes y más ricos que sus gobiernos.
Los países poderosos se unen para hacerse más poderosos. Cuando se unen los países débiles lo único que hacen es el ridículo. Parecen un sindicato de pordioseros creando falsas esperanzas en sus miembros. No es una opinión, es una ley que la Historia respalda.
Veamos algunos ejemplos recientes: solamente es al final de este siglo cuando Europa puede permitirse el lujo de unirse económicamente. Los Estados Unidos con todo su poder económico y político apenas está comenzando a crear un mercado común en América del Norte mediante tratados bilaterales de libre comercio con Canadá y México. Japón, el otro gigante económico, intenta hacer lo mismo en el Pacífico Oriental.
¿Y, nosotros? Ya lo dije, nosotros podremos realizar esta justificada aspiración sólo cuando cada eslabón de Sud América esté fuerte. Mientras tanto creer en nuestra salvación por medio de la unión vecinal es una idea perversa. Los pseudosoñadores que se atrevan a criticar esta aseveración son una partida de protervos ignorantes.
Habiendo mirado donde estamos situados y quienes son nuestros vecinos, es tiempo de ver lo que tenemos dentro de nuestras fronteras.
La costa es estrecha y desértica, nunca llueve. Los ríos que bajan de la sierra están generalmente secos. Cuando llueve en los Andes el agua desciende rápidamente cruzando los cuarenta u ochenta kilómetros de arena sin dar mucho tiempo a los agricultores a racionarla o embalsarla. Por si no fuera suficiente esta desgracia, la poca agua que llega a la costa está contaminada por desperdicios mineros y humanos. Los ríos no alcanzan ni para dar de beber a la población, por eso tenemos que hacer pozos y elevar depósitos de agua sobre techos de todas las viviendas. Los valles fértiles son pequeños oasis que no sirven para gran cosa. El área cultivable es minúscula. La costa por lo tanto no es rica sino mas bien ¡indigente!.
El mar es riquísimo, pero no hemos desarrollado una cultura marinera. Cuando explotamos el océano lo hacemos con tal ignorancia e imprudencia que rompemos la cadena ecológica frecuentemente. En un tiempo habían balleneras, estas se fueron, no porque les prohibieran pescar sino porque no había qué pescar. A las anchoveteras les pasó igual. Nuestro rico océano requiere gente que tenga sesos para cuidarlo. No se le puede explotar indebidamente porque se vengará. Ya nos ha hecho sentir su protesta varias veces, y no nos hemos enterado. A fines de los años 60 se descubrió el mercado mundial de la harina de pescado para el engorde de animales, pues bien, todos a pescar y pescar lo que sea y como sea. En 1970 fuimos el país que pescó más en el mundo, sí, más que Japón o que la Unión Soviética. Pescamos más de ¡12 millones de toneladas! ¡Qué brutos somos! Acabamos con la anchoveta y lo que sigue en la cadena ecológica. Ese año las exportaciones de harina de pescado representaron el 28% de todas las exportaciones. Ahora no podemos pescar ni una quinta parte de ello y, si no se le como rápido, envenena mortalmente a nuestros famélicos habitantes.
Todas las advertencias parecen inútiles. ¡Qué esperan, inconscientes! ¡Qué también nos quedemos sin pescado? ¡Hay que cuidar nuestra Corriente de Humboldt! ¿Lo han entendido? ¡Bestias!
Un mar rico no es suficiente garantía para alimentar masivamente a los pueblos, al margen de caprichos meteorológicos que alejan los peces de nuestras costas cuando les place, se requieren sistemas de refrigeración y distribución eficaces. Sin estos medios lo que se vende es peste negra.
* * *
Al no tener suficiente comida en la costa tenemos que recurrir a la sierra. Nuestros Andes son hostiles al cultivo, su agreste orografía, su aridez, su pobreza de suelo hacen muy difícil sacarle fruto alguno. La utilización de equipo mecánico en las pronunciadas laderas es imposible. Los fértiles valles que encierran los Andes son casi tan escasos como los de la costa. Su relativa mayor producción agrícola tropieza con las dificultades de transporte. Se necesita cruzar deleznables carreteras por afilados abismos e inseguros puentes. La estación de lluvias con sus "huaycos" apocalípticos hacen de nuestros choferes andinos héroes anónimos que harían palidecer a Ulises.
Las mesetas andinas a una altitud de más de 3,800 mts tienen una sequedad impresionante, todo se deshidrata en cuestión de horas, lo único que se da aisladamente es "hichu", pasto que permite alimentar a los pocos auquénidos que pueden haberse escapado de una caza incontrolada. Se me ocurre que el clima de nuestros altiplanos se debe parecer a Mongolia (verlo en algún mapa).
Los valles cercanos a la selva son más fértiles y generosos, sin embargo muchísimas cosechas se pudren por la imposibilidad de cruzar las varias cadenas de los Andes. Hay más riesgos: en estos años los camiones son asaltados por guerrilleros, por terroristas, por ladrones comunes y sobre todo por la misma policía que está para proteger a los viajeros. Es decir el caos total.
En fin, podemos afirmar sin ninguna duda que nuestra sierra es también muy pobre.
- ¡Ah!, me dirá algún pobre diablo, te has olvidado de nuestros minerales, tenemos oro, plata, zinc.
- No, repugnante gusano, no me he olvidado de eso. Antes quiero decirte que "tenemos" es contar a muchos. Los que "tenían" eran unos pocos propietarios; los menos abusivos, aunque igualmente rapaces, eran los extranjeros. El gobierno expropió a todos los importantes, ahora, como todo el mundo sabe, las grandes minas están en manos de abominables renacuajos como tú, burócratas incapaces que han acabado con las minas y los mineros. Cuando las reprivaticen las entregarán más ineficientes que nunca y llenas de politiqueros miopes.
Los minerales tienen que explotarse eficientemente para competir en un mercado mundial que es especulador y casquivano. Hay grandes monopolios y carteles que dominan el panorama mundial. La minería es un mercado de compradores y no de vendedores. No necesito acabar mi paciencia continuando mi argumento, baste decir: el que crea que la minería es riqueza, que se coma su mineral para que aprenda. La minería sólo puede ser buena si el minero está bien alimentado y tiene acceso a una educación decente, sino es así, es sólo una explotación esclavista que no hace rico a nadie ni siquiera al propietario de los esclavos.
Desde los Andes hasta el océano Atlántico, veo la mancha verde más grande del atlas, es la selva amazónica, la última riqueza ecológica de la humanidad que debería ser declarado Parque Mundial. "Prohibido el Paso".
Algunos visionarios, con interés de ganarse buenos millones en moneda fuerte, han inducido a los gobiernos a construir una carretera transamazónica y otras arterias de penetración. Lo único que se está logrando es la destrucción de buena parte del sistema ecológico. Con las carreteras han llegado miles de aventureros, que igual masacran árboles, indios o animales. Y, ¿para qué?, ¿qué necesidad tenemos hoy de esas tierras si no podemos explotar las que ya tenemos? ¡Sueños! ¡Fantasías! Y detrás de todo eso: rapiña, crimen, abuso, destrucción.
La selva es el paraíso ecológico de la humanidad. Cualquier barbaridad que se cometa allí acabará con la mayor reserva de agua no salada del planeta. Un pequeño cambio de la flora selvática tendrá consecuencias tan nefastas como una guerra nuclear. Ya se le ha comenzado a atacar desde todos los puntos. Hasta el Ecuador, en su afán por extraer petróleo, ha comenzado a envenenar la parte a la que tienen acceso. Todo este suicidio mundial es callado por la prensa internacional, las autoridades peruanas también callan. Aquí no pasa nada, dicen.
Gente responsable, respondan al llamado de las pocas voces que gritan:
¡Estáaan asesinaaaando a la seeelvaaa!
¡Que suenen las alarmas del mundo!
¡La seeelvaaa se mueeereee! ¡La estáaan mataaaandooo!
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Se han sacado otras riquezas de la selva amazónica. El verbo utilizado es apropiado, sacar. Esto significa extraer, vaciar, dejar sin nada. El ejemplo más notable fue el caucho que llegó a representar el 22% de las exportaciones en 1907, y que por ser mal explotado se lo llevaron los asiáticos para enriquecerse. Mi generación ha sido testigo de otro caso: el palo de rosa. La resina de este árbol tiene innumerables aplicaciones, la más conocida es como fijador de perfumes. La extracción de la resina es sencilla, se troza el árbol en astillas medianas y con presión de vapor se obtiene un producto listo para enviarse a Europa, vía el Amazonas.
Cuando se descubrió este "tesoro", todos los aserraderos del Amazonas cayeron en la tentación, la materia prima estaba a la mano, había muchos árboles de palo de rosa en el área, sin embargo, poco a poco, había que adentrarse cada vez más en la selva, y así lo que se encontraba en cuestión de días se fue convirtiendo en viajes de semanas y más tarde de meses. El costo de traer los árboles a los aserraderos, más algunos otros factores, hicieron que la efímera riqueza siguiese la ruta del jebe, de la leche caspi para la goma de mascar, el barbasco para insecticidas y productos farmacéuticos, etcétera.
También están acabando con los lagartos, las tortugas, los tigres, los monos, los loros y demás animales.
- ¿Estoy obligado a decir que están acabando con los indios?
- Pues, sí. ¡Están acabando con los indios!
Están asesinando, de varias formas, a seres tan humanos como los que veo por las calles de todas las ciudades del mundo. ¿Dónde está Amnistía Internacional? ¿Quién se ha limpiado con la Carta de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas? ¿Qué pasó con El Acuerdo de Helsinki? ¿Cómo se llama la plaza donde desfilan las madres de los selváticos desaparecidos? Los indios de la inmensa amazonía están sólos. Su venganza será terrible. Señor, ten misericordia de ellos y de nuestros descendientes.
¿Tengo que continuar probando que somos un país pobre? Odio recurrir a cifras, temo que algún imbécil muestre números sacados de los pelos y ponga en duda estas sólidas verdades. Todos deberíamos saber que somos un país pobre, bastaría mirar a nuestro alrededor. Lo que me irrita es escuchar aseveraciones contrarias que se repiten como si estuviéramos en el colegio o en un campo de concentración. Tenemos que entender que no somos un país pobre, sino, más bien, un país paupérrimo.
Aquí va una muestra para ahogar a los obtusos: la tierra arable del Perú es sólo el 2.9% del territorio, la más baja proporción de Iberoamérica. Chile, que tiene más desierto, puede arar el 7%, Bolivia el 3.1%. No quiero mencionar otros países por pudor. La pobreza de nuestra tierra hace que la productividad anual por trabajador sea de 718 dólares; Bolivia, el hermano pobre, produce 1265 dólares por campesino (The Economist Book of Vital World Statistics, 1990). Me dirá algún idiota: "estamos mejor que Haití y Jamaica", y tiene razón, estos son los dos únicos países de América que producen menos por campesino.
La Organización Mundial de la Salud recomienda al adulto un consumo mínimo de 2,600 calorías al día. En 1988 el peruano consumió 16% menos. Sólo 10 países en el mundo se nutrieron peor, entre ellos Haití (1,902 calorías), Bangladesh (1,922), Camerún (2,040). El peruano no andaba lejos, ingirió solamente 2,192 calorías ese año. Atención, eso fue antes del "fujishock", cuando había gente que comía. A partir de 1990, después del ajuste a una economía de mercado, el más optimista acepta una degradación de la pobreza, ahora podemos decir sin riesgo a equivocarnos que el peruano es el peor alimentado de América y que compite con Ghana por la medalla de plata mundial de desnutridos.
- ¡No nos ganan! ¡No nos ganan!
¿De dónde ha venido la maldita idea que el Perú es rico? No hay que ser un gran investigador para descubrir que comenzó cuando los españoles encontraron abundante oro y plata en nuestras minas. Se lo llevaron, y mientras disfrutaban de la pintura de Velázquez y la literatura del siglo de oro, el indio peruano se hizo más débil y los ingleses y los franceses más fuertes. La riqueza del Perú convirtió a España en el país de segunda categoría por todos hoy conocido de uno a otro confín, pero quedó el mito del indiano que regresaba rico para no trabajar más en su vida. El Dorado es la forma más expresiva de representar lo que se entiende por ser rico: es encontrar un inmenso tesoro para no trabajar jamás y gastarla en los más absurdos caprichos sin que se agote. Puros mitos.
La ignorancia y avaricia del conquistador no le hizo ver que el verdadero tesoro de los incas estaba en su eficiente organización. Al destruir el sistema administrativo y comunal mataron a la gallina de los huevos de oro. La República acentuó la catástrofe al añadir inestabilidad política sin rescatar aquellos olvidados, pero todavía subyacentes, valores de la nación indígena. Quedó en su lugar la malvada opinión de que los indios son ociosos, mentirosos y brutos.
Los criollos y felipillos de la República no han hecho nada por reivindicar esta errónea imagen. Y de este modo hemos seguido menesterosos a pesar de haber gozado de algunos efímeros golpes de suerte: se explotaron con fervor los yacimientos de fosfatos, hasta que nos los quitaron los chilenos; las pingües exportaciones del guano de las islas se acabaron a causa de los fertilizantes sintéticos; los pozos petroleros de Talara se secaron sin haberlos reemplazado a tiempo por otras perforaciones; los árboles de jebe se los llevaron los asiáticos antes de que desaparezcan de nuestra selva; la exagerada exportación de harina de pescado se redujo dramáticamente debido a la extinción de la materia prima; y tenemos hoy la última moda: el cultivo ilegal de la coca, que será sin duda reemplazado pronto por alguna droga sintética. Podría añadir otros productos tales como el azúcar, café, algodón. Ya no tenemos ni buenos vinos.
Todo ha desaparecido. ¿Es acaso mala suerte? ¡Nooo! ¡Brutos! ¡Nooo! Todas esas aparentes riquezas no sirvieron para nada porque no se educó ni al obrero ni al ejecutivo. Después de cada ola de exagerado ingreso monetario la situación del trabajador siguió igual o peor.
Para sacar las riquezas a la tierra en la forma que lo hacemos no se necesitan hombres los monos serían suficiente, lo que pasa es que son escasos, más fácil es bajar a un indio de la sierra y ponerlo a pescar, aunque no se le haya enseñado ni siquiera a nadar. Vamos de mal en peor porque no nos hemos dado cuenta de que la única riqueza está en el hombre mismo.
Los incas supieron alimentar a millones de peruanos con estas mismas tierras, les enseñaron a labrar la tierra y a organizarse comunalmente, siguiendo solamente tres mandamientos: Ama Quella, no seas ocioso. Ahora que tenemos los diez mandamiento de Dios, los cinco de la Iglesia, y toneladas de códigos, leyes y reglamentos, nos morimos de hambre creyendo que somos ricos.
- ¡Qué brutos!
Un italiano, más aventurero y caminante que científico, llamado Antonio Raimondi recorrió el Perú el siglo pasado, a él se le atribuye esta frase: "el Perú es un ciego sentado en un banco de oro". La verdad es otra: "el Perú es un pobre que se hace el ciego para no reconocer que está sentado sobre una piedra. Hay que desenmascararlo, y darle un cincel y un martillo para que haga de esa piedra una obra de arte".
La verdadera riqueza del Perú es el pueblo que se muere de hambre. Somos riquísimos de gente buena, de indígenas dóciles y pacientes, de un pueblo acostumbrado a trabajar comunalmente, de jóvenes de barriadas con inmensas ganas de aprender, de aguantadora clase media que está aterrorizada por su deterioro económico e inseguridad personal. Lamentablemente también somos ricos en limeñitos de mierda, en burócratas, en criollitos irresponsables, en soñadores desalmados. Es triste ver que la balanza se inclina a favor de este último grupo.
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Reconocer que uno es alcohólico es el primer paso para recuperarse. Reconocer que nuestro país es pobre, debería haber sido el paso inicial para hacernos ricos. Arnold Toynbee, en su sesuda obra "Estudio de la Historia", considera que nuestros antecesores pudieron desarrollar su extraordinaria civilización debido a la respuesta que dieron a dos incitaciones, copio textualmente "... la de la meseta andina y la de la costa del Pacífico adyacente" y sigue: "En la meseta fueron incitados pon un clima duro y un suelo adverso; en la costa, fueron incitados por el calor y la sequía de un desierto casi si lluvias, al nivel del mar, que sólo se pudo hacer florecer, como la rosa, con el trabajo del hombre". La tesis que Toynbee confirma, a través del estudio comparativo de 21 civilizaciones, es que las incitaciones del entorno y las respuestas a las adversidades, hacen que los pueblos se animen a luchar y progresar; mientras que su desaparición se debe, precisamente, a la falta de este espíritu combativo.
Países con menos recursos naturales, como Suiza, Holanda, Singapur, Japón, Israel, han podido llegar adonde están, debido a su interés por desarrollar una actitud educativa y disciplinaria que enfrenta los retos geográficos con un amalgamado espíritu de unión nacional. Ninguno de ellos cree que está sentado en un "banco de oro".
No creo que se necesite más argumentos para convencer al más obtuso de que el Perú no es un país rico. Sin embargo, no estamos pobres por vivir en un país geográficamente aislado y agreste. Estamos pobres por no haber aceptado el reto de la naturaleza, no hemos visto la incitación del contorno sino absurdos espejismos de riqueza. La lucha por conquistar a la naturaleza hubiera hecho del Perú un pueblo más unido, más industrioso y mejor preparado.
- "¿ De acuerdo?, ¿sí?, ¿no?"
- .......
- "Lo siento, ya es tarde de todos modos".
Kyrie eleison
Señor de los Cristianos, si eres tan grande y tan misericordioso como el Alá de los Musulmanes, estamos perdidos.
Cristo, haz un esfuerzo. Ten piedad de nosotros.
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