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III.- La gente de mi Patria

Dies Irae.

Dies Irae, dies illa
Solvet saeclum in favilla:
Teste David cum Sibylla.

Quantus tremor est futurus,
Quando judex est venturus,
Cuncta stricte discussurus!

Días de ira, serán esos días
Cuando el mundo será reducido a cenizas:
Según los oráculos de David y Sibila.

Cuánto terror nos embargará,
Hasta que venga el Juez
Para juzgarnos ¡rigurosamente!

1.- Aplaca Señor tu ira

El Dios judaico-cristiano que hemos escogido no se mida al momento de castigar. Imita la ira de anteriores dioses igualmente crueles. Amón, Zeus, las Erinias y muchos más dejaron despiadados ejemplos que nuestro Yahvé sobrepasa con largueza.

Los caballos del apocalipsis galopan a sus anchas por nuestro país. Esos briosos animales aplastan con sus pezuñas a cuanto habitante se ponga al frente. No son nuestros afeminados caballos de paso o los esmirriados caballitos serranos. Lo que enfrentamos en esta época son los recios caballos de los bárbaros atilas que nos profetizó César Vallejo, vienen junto con los heraldos negros que nos manda la muerte.

Yahvé no actuó intempestivamente. Ya nos había enviado repetidas advertencias, que convertidas en terremotos y huaycos anunciaban el descontento de los cielos. En cada remezón telúrico todos en mi casa repetíamos con pavor la oración que mi madre nos enseñó para estas ocasiones:

Aplaca Señor tu ira
tu justicia y tu rigor,
por tu Purísima Madre,
misericordia Señor.

Los sobrevivientes sacaban en andas al Señor de los Milagros de Lima o al Señor de los Temblores del Cusco, y allí terminaba el pánico.

Ahora ya no hay rezos ni procesión que valga, todas las plagas han llegado.

- ¿Hambre?

- Sí, es endémico.

- ¿Guerra?

- Sí, y va aumentando. Hay una guerra civil declarada que no toma prisioneros.

- ¿ Pestes?

- También. La que Ud. quiera, el cólera que ya estaba extinguido, el paludismo que reapareció, el mal de chagas que nunca se fue, hay sarna, tuberculosis, tifoidea, hepatitis de la A a la Z, conjuntivitis, etc, etc, y vienen más: peste bubónica, sífilis, tifus, sida y todo el Manual Merck. Lo único que falta son medicinas, no tenemos nada, ni agua destilada.

- ¿ Plagas?

- Sí, tenemos de todo: moscas inextinguibles que se comerían a las langostas de Egipto en un santiamén, pulgas gigantes, super piojos, cucarachas de grifo, ratas caníbales, mosquitos cuaternario, parásitos no clasificados, espiroquetas, amebas. Todo, tenemos toda clase de plagas menos insecticidas ni jabón ni agua limpia. Tenemos también...

- ¿Pero hay algo más?

- Por supuesto, hay muchísimo más. Lo peor es la inseguridad ciudadana: robos, asesinatos, raptos, asaltos, violaciones.

- ¿Se puede vivir así?

- No señor. Esto no es vida.

* * *

La gente del Perú está condenada por patricida a padecer los Días del Ira del Señor. El castigo es justo. Se ha llegado a esta condición después de haber recorrido un largo camino de vergüenzas. Lo increíble es que en la recta final de su putrefacción, hediondos y agusanados, se aferran a ídolos de mierda. ¡Imbéciles! Hay que desembarazarse de ellos antes de que la ira del Juez Supremo se transforme en sadismo. Si es verdad que están inaugurando nuevos infiernos, no agraven innecesariamente la caída. No sean tan ingenuos para creer que han llegado a la peor situación, la decadencia humana no tiene límites.

2.- ¿Quién es la gente del Perú?

Yo soy peruano, sin embargo no todos los peruanos son mis compatriotas, tampoco son mis conciudadanos, ni siquiera todos son mis paisanos. Por lo tanto puedo haber estado horrorosamente equivocado al decir que la gente del Perú son los patricidas.

En todo caso no son toda la gente. Por ejemplo: cómo puedo acusar a las inmensas minorías que ni siquiera comprenden la palabra "compatriota" porque no hablan castellano. Aún si conociesen esa palabra la interpretarían en un registro mental diferente al mío. Sonaría casi igual, pero tendría un significado distinto. Sería como llamar a alguien por su nombre y que él no respondiese. Me pregunto, si yo llamara a un indio shipiba, "compatriota", ¿cómo respondería él? Quizá me miraría con ojos desorbitados creyendo que estoy loco o que hablo una lengua extraña. Menos dramática sería la respuesta de los monolingües quechuas, la terminación "patriota" les resultaría algo familiar pero el "com" no tendría la misma fuerza fraternal a la que yo acudí si reservas. El caso de los bilingües indios sería desalentador, me mirarían con suspicacia, creerían que soy político o que he venido para venderles algo que no necesitan comprar.

Esta es la verdadera realidad de las inmensas minorías peruanas, marginadas por un frívolo limeño, que se horrorizaría si un cholo patacala le abrazara diciéndole con voz emocionada y serrano acento, "queredo compatreota".

Cómo quisiera sentirme indio y que me sientan ellos su compatriota. Hablar su romántico idioma, ser un genuino representante de su raza y luchar por sus aspiraciones cualesquiera que estas fuesen. Mi vocación patriótica es indígena, desgraciadamente mi condición criolla me obliga a reconocer como compatriotas a un grupo social despreciable que ha acabado con lo que me unía a ellos: ¡mi Patria, carajo!

Si las inmensas minorías no son mis "compatriotas" menos serán mis "conciudadanos". Basta saber que deben obtener primero su Libreta del Servicio Militar Obligatorio y después su Libreta Electoral. La obtención de esos documentos harían palidecer la más atrevida obra teatral del absurdo. Me imagino a un pobre indio en una pequeña choza perdida en alguna puna de los Andes tratando de entender primero qué es, y después donde conseguir: partida de nacimiento, fotografías de frente y de perfil, solicitudes en idioma extranjero (castellano), etc. ¿Cómo se puede pedir esos documentos a los indígenas? Quizás les solicitarán también la Libreta de Tributación Fiscal, Declaración Jurada de la Renta del último años, Certificado de Buena Conducta de la Policía de Investigaciones del Perú (ahora llamada "Técnica"), Certificado Médico reciente y muchas cosas más.

Los indios que con la interesada ayuda de algún partido político han obtenido su Libreta Electoral, votarán por candidatos que no conocen o por gente extraña que viene a bailar solamente un huayno (aprendido en un curso intensivo la noche anterior) frente a las cámaras de los fotógrafos y la televisión. Después los visitantes se irán muy orondos de su calidad humana y caritativa comprensión por esos "indios borrachos".

Constato, pues, que la gran mayoría de esa inmensa minoría peruana no tiene papeles, está en el limbo civil. Luego los indígenas no son ciudadanos del Perú, por lo tanto no han podido participar en el patricidio. Nunca han tenido voz ni voto, sólo han ofrecido sudor y sacrificio.

Si no son las inmensas minorías del Perú partícipes del crimen, quedan como sospechosos aquellos que tienen representación legal para actuar y hacerse oír, es decir los "ciudadanos" del país. Esto crea en mí una horrible angustia porque en ese grupo se encuentra gente que conozco bien: parientes, amigos, compañeros, alumnos, jefes, colaboradores, obreros y empleados. Yo he visto a esa gente luchar arduamente por salir adelante, he sido testigo de la honestidad, rayana en puritanismo, que han practicado toda su vida, he compartido sus afanes por aprender más y rendir al máximo en el trabajo, sus preocupaciones por formar familias prósperas, etc. Brevemente, la ética de trabajo y la ambición sana por progresar y aprender que conocí en el Perú que dejé, no las he encontrado en los varios países donde trabajé posteriormente.

¿Cómo es posible que esa gente haya causado el patricidio? Me niego a acusarlos. Sería una infame calumnia. Lo que tengo que hacer, entonces, es examinar fríamente el cadáver de mi Patria para encontrar indicios y huellas que me permitan señalar con certeza a los culpables. Luego intentaré demolerlos sin piedad.

3.- La primera herida mortal, un bayonetazo

Los militares han recurrido al uso del término "patria" y sus derivados en forma tal que lo han prostituido. Ellos se han auto-elegido defensores de ese nombre para justificar todos sus crímenes, abusos, tropelías y robos. ¿Quién carajo son para tener la exclusividad de invocar a la Patria? ¿Es más patriota el general, que en su puta vida ha defendido al país de los fantasmas extranjeros que ellos mismos han creado, o el vendedor ambulante que para ganarse un magro ingreso tiene que correr de un lado al otro todo el santo día? En todo caso serán igualmente acreedores a invocar un sentimiento patriótico, pero jamás el general tendrá más derecho para hacer lo que le salga de sus forros en nombre de la Patria que el vendedor ambulante. La única obligación de un general es defender la integridad de los límites geográficos del país. Los valores culturales, morales y éticos de nuestra Patria son propiedad de todos los que habitan en ella.

Uno de los instrumentos legales que utilizan para someter al pueblo es el Servicio Militar Obligatorio. La "leva" sólo la cumplen los indígenas, a quienes arrancan de sus pueblos en las formas más crueles y violentas, y los jóvenes de humilde extracción. Ninguna persona "decente" sirve en el Ejército. Los militares se burlan de los sorteos, de sus propios reglamentos y de cualquier orden legal, sólo escuchan el mercado de influencias, y a todo aquel que pueda sobornarlos para rescatar a sus hijitos del SMO.

En ningún país el recluta va contento a cumplir con el servicio militar, pero eso es diferente a lo que pasa en el Perú donde los "levados" llegan amarrados con sogas y se les trata como animales durante todo el tiempo que están en el cuartel. El lenguaje soez, la falta de respeto a sus derechos de hombre y ciudadano son pisoteados por los jefes militares. Esto es importante comprender, porque la actitud de la jerarquía militar frente a los reclutas es la misma que ostentan cada vez que tienen la oportunidad de usurpar el gobierno de la nación. Creen que el Perú es un gran cuartel en el que ningún ciudadano tiene derecho a ser tratado como tal.

No tengo necesidad de elaborar más, me hierve la sangre al recordar la prepotencia, arrogancia e impunidad de tantas revoluciones militares. Recuerdo bien la cara de superioridad y el aire de perdonavidas que traslucía toda la jerarquía militar, desde el presidente hasta el cabo furriel. Se sentían más altos, quizás hasta más guapos e indudablemente más inteligentes que todos los civiles. Podían opinar si ambages ni dudas sobre todas las cosas, desde medicina social a hemodinámica, desde literatura decimonónica a teatro surrealista, desde econometría a monetología, desde reforma agraria a ciencia avícola. Nada, nada se escapaba al conocimiento de esos hombres moldeados con materia escatológica.

Apenas inicio la autopsia y ya veo la primera herida mortal de mi Patria, es un bayonetazo.

4.- L. D. M., veneno mortal

La sangre de mi Patria contiene un veneno letal, es el "limeñito de mierda", sujeto abyecto que no se resiste a morir, más bien se multiplica.

El término "limeñito de mierda" tiene que ser claramente definido antes de que Yahvé nos tome al pie de la letra y cargue con todos los limeños. Esos sería injusto, por que los l. d. m. no son todos los nacidos en Lima. Hay muchos l. d. m. en provincias. Por otro lado muchos limeños no pertenecen a esta categoría: con justicia el hombre de la barriada limeña afirmaría que es su antípoda.

Tampoco se puede circunscribir la denuncia al sexo masculino; hay, como muy bien puede suponerse, más "limeñitas de mierda" que limeñitos de los mismo, baste mirar la proporción de mujeres en cualquier censo de población urbana.

La identificación de este asqueroso sujeto es fácil: es todo aquel que pretende tener algo que no posee. No me refiero solamente a lo material y a lo social, sino más que todo a lo "intelectual". Pretendiendo, llega finalmente a creer que su situación familiar, racial, económica, profesional o meramente circunstancial (hasta el ridículo de presumir del barrio municipal donde vive) le da derecho a pitorrearse y despreciar al que está aparentemente debajo. El se cree con derecho a transgredir las normas, costumbres o valores de la sociedad y aun de la familia. Entra en casa ajena como si fuera la propia, se sienta en el mejor sofá sin que lo inviten, trata de tú y espera que lo contesten de Ud., puede llegar tarde a cualquier compromiso sin dar disculpas. Si tiene alguna amabilidad hacia sus servidores es sólo por asegurarse que le besen la mano. Este granuja sólo se escucha así mismo o a alguien que crea que está arriba de él y es sordo con los demás.

El típico l. d. m. se cree poseedor de derechos inherentes a su estado social. Mira por encima de las cabezas de todo el resto, él está mas allá. Quizá cresa ser descendiente directo de la Santísima Virgen María, los otros son: o cholos o brutos o pobres o indios o lo que es peor ya no se preocupa en definirlos, no son "gente decente" o "como nosotros". El firmaría con orgullo el malvado dicho de que "el indio nunca es bueno, cuando es bueno nunca es perfecto, y cuando es perfecto siempre es indio".

Nunca se podrá confundir un l. d. m. con el "huachafo" o la "huachafita", estos casi extinguidos habitantes de nuestra Lima son ingenuos, sus fanfarronadas o fantasías no hacen mal a nadie, al contrario, siempre hay en sus cursis posturas un inconfundible calor humano. A diferencia de ellos, el l. d. m. no es ingenuo ni sencillo, posee la soberbia de un terrateniente, y como él, los que no están en su casa hacienda son sencillamente cabezas de ganado.

* * *

El término de "limeñito de mierda" se remonta a los tiempos de la Colonia. Tanto el Marqués de Torre Tagle como su esposa pueden ser considerados sus genuinos próceres; baste leer los devaneos que mostraron durante los años de lucha por nuestra independencia.

Al comienzo de la República, el l. d. m. estaba circunscrito a la clase social alta de Lima, fue en este siglo cuando se solidificó su personalidad. El Club Nacional, de la Plaza de San Martín, era el buque insignia de esta casta, después inexplicablemente, esa nauseabunda figura ha sido rápidamente imitada por un vasto sector de la población: ahora se encuentra en todos los niveles de la clase media. Al paso que vamos no me extrañaría que se expanda más, tampoco me causaría asombro comprobar que el Club de la Unión, de la Plaza de Armas, denostada como "embarcación de lujo con pasajeros de tercera", se haya convertido en su nueva sede y quién sabe si hasta algún club provinciano esté dirigido por esta especie.

Sí... es verdad, el l. d. m. intenta democratizarse, no obstante sus mutaciones no engañan a nadie. De los Torre Tagle pasaron a los Prado, después siguieron con los Orbegozo, los Olaechea, se extendieron a los Aspíllaga, bajaron a los Belaúnde, continuaron con los Bedoya, se hundieron con los Pestana y así como bola de nieve fueron creciendo y creciendo; el mal ejemplo cundió, ahora hay l. d. m. que se apellidan Vargas Llosa (no Mario, felizmente), Morote (si hombre, mi familia no se ha escapado de tener uno que otro l. d. m., como también es cierto que uno pueda apellidarse Belaúnde o Paz Soldán sin ser necesariamente un l. d. m.), Choquehuanca, Quispe y miles de apellidos más.

Ultimamente creí que todos los "limeñitos de mierda" habían emigrado a Miami, ¡Qué equivocación! nuestro país se haría rico si se pudiera exportar a los que quedaron.

* * *

El l. d. m. ha impedido desarrollar comunicación útil entre el que ordena y el que obedece. Llámese el que ordena; ama de casa, señor fulano de tal, socio del club, jefe, gerente, diputado, eclesiástico o presidente. Cualquier l. d. m. defeca, literalmente, encima de los sentimientos, opiniones, esperanzas y frustraciones de las personas que tiene a su cargo.

Esta arrogante actitud no ha permitido establecer el necesario respeto, no digo ya liderazgo moral o intelectual, que los subordinados merecen antes de llevar acabo las tareas.

Los dirigentes no son capaces de beneficiarse del conocimiento y experiencia de los dirigidos, cometiéndose errores que se achacan indefectiblemente a los de abajo. Peor todavía: debido a falta de entrenamiento o mala interpretación del idioma, el l. d. m. sabe los riesgos que pueden acarrear sus órdenes y sin embargo parecería que no le importase. Cuando llegan las catástrofes surgen los insultos, despidos y las voces de menosprecio generalizado: "cholo de mierda" o "indio bruto".

Un corolario trágico de esta situación es la innegable discriminación que sufren los auténticos representantes de nuestra raza indígena al intentar escalar posiciones sociales o profesionales. Sigue existiendo hasta ahora una inmovilidad social pavorosa promovida por los l. d. m. Este asunto es tabú en el Perú, todos los niegan, hasta los mismos marginados. ¡Increíble!

La explicación del dramático crecimiento de los l. d. m. puede radicar en la forma como han sido educadas las nuevas generaciones. Tomemos el caso de los hijos de las muchas personas que conozco y quiero: me consta que los padres han pasado duras pruebas para sobrevivir y sacar la cabeza del fango donde estaban inmersos, pero inexplicablemente han permitido a sus vástagos adquirir costumbres, modales y expectativas que no están de acuerdo con la realidad social ni económica del país. El ejemplo de sus progenitores no ha dejado ninguna huella ni ha servido para modelar en algo sus espíritus. Dejar que los hijos sean l. d. m., han convertido automáticamente a esa clase luchadora en padres y -más que todo- en MADRES de "limeñitos de mierda".

No. No es "mala suerte" ni "así es la vida", lo que sí es, y me duele reconocerlo, es que los padres y repito las madres también eran potencialmente l. d. m., pero no pudieron lograrlo porque no tenían la protección familiar ni ese coro de festejos y risitas de connivencia que existe hoy.:

- A Charlie no se le dan las matemáticas. En fin "para qué sirven", para eso tenemos contadores.

- Al pillín de Tatito lo han jalado otra vez. Ya entrará el próximo año a la universidad, todavía es joven.

- Tutita va a estudiar turismo en una academia de San Isidro, mientras tanto irá a visitar a sus amiguitas a Florida.

Todo se justifica y todo se protege. Como gallinas cluecas se cacarea sin parar los "progresos" de los l. d. m., quienes teniendo más oportunidades que sus padres para educarse y ser ciudadanos responsables, no van a ningún lado. Una lástima.

Para oír las conversaciones de los l. d. m. hay que ingerir antes poderosos antieméticos. Los señores mientras beben caros whiskies discuten lo costoso de las propinas a los caddies del golf. Las amas de casa intercalan en sus relatos sobre las compras que hicieron en los Estados Unidos comentarios sobre el "descaro de las sirvientas", "cada día piden más", se refieren a modestas demandas: permiso el sábado por las tardes, zapatos para trabajar en la casa, un aumento de dos dólares al mes. Conducen autos carísimos y no quieren dar más de 50 centavos de dólar a quien le cuida el vehículo. Realmente pareciese que usan dos códigos diferentes, uno para hablar con ostentación de sus actividades y propiedades, y otro para referirse con tacañería al personal que tienen a su cargo.

Finalmente, el o la l. d. m., cree que ha monopolizado la materia gris por ósmosis o por herencia, sin embargo lo único que exhibe al hablar y comportarse es un barril de ignorancia impregnado en vanidad. No puedo seguir hablando sobre este tema. Mi estómago de hierro está cediendo.

A mi Patria le rezuma el veneno l. d. m. hasta por los ojos.

5.- C. D. M. mordedura de ofidio

Hay que admitir que el l. d. m. es fácilmente reconocible, Yahvé no tendrá problemas en identificarlo, no será necesario pintar su puerta con sangre de cordero para que el Angel Exterminador haga su trabajo. El l. d. m. muestra quién es a leguas de distancia. En este aspecto no es igual al "criollito de mierda", otro sujeto igualmente causante de los Días de Ira.

Este reptil humano es subrepticio, ponzoñoso y sumamente dañino. Si el l. d. m. habla en voz alta, el c. d. m. puede pasarse callado todo el tiempo esperando que nadie lo vea rayar un auto, romper una luna, robarse los cubiertos o engañar al vecino, amigo, hermano, hijo o progenitor; ni qué decir lo que puede causar a un simple prójimo. A todo el mundo quiere engañar, sacar alguna ventaja en cada oportunidad, desde escabullirse primero para sentarse al lado de la ventana sin importarle los anciano o inválidos, hasta robar la misma cocaína que confiscó y venderla al mismo traficante que apresó. Subrepticiamente arroja cáscaras de plátano en la vía pública, no lo hace por ignorancia. Todo lo hace a escondidas, acaso si con otros "criollitos de mierda" igualmente falaces. Se cree más listo y pillo que el resto, va adquiriendo confianza para realizar cualquier tropelía y de las pequeñas mentiritas pasa a las inmensas maldades. Lo único que le sujeta es el caer en evidencia, porque, si por su conciencia fuera realizaría los crímenes más inconfesables sin ningún reparo.

La gran mayoría de mi generación tuvo la suerte de tener padres quienes nos castigaban cada vez que intentábamos sacar los pies del plato. Las cosas han cambiado. Ahora, los padres festejan vanidosamente las picardías de sus hijos:

- "Mi hijo es un pillo", dicen con orgullo.

- "Nunca lo chapan" y sacan pecho.

- "Coquito le saca la vuelta a todos los de su clase", describen ufanos.

Los padres no tienen disculpa alguna. Esa, y no otra, ha sido la causa de la alarmante proliferación de los "criollitos de mierda" que dominan toda la escena peruana. El resultado social es que nadie está seguro.

La guía de teléfonos incluye sólo una mínima parte de los apellidos de los c. d. m. que han emponzoñado a nuestra Patria. Con esta impresionante cantidad de depredadores, el ascenso a ladrones comunes, asesinos indolentes y estafadores irresponsables, es acelerado. El caldo de cultivo de nuestra vomitiva sociedad radica no en la pobreza, de ésta quizá hubiera salido, equivocada o no, una rutilante revolución comunista, sino en la proliferación de "criollitos de mierda" con los cuales no se puede ir más que a un lado: a donde estamos.

* * *

La distribución del c. d. m. es más democrática que la del l. d. m.. Está presente en todo nivel social, económico y político, sin embargo, por un fenómeno que no es el momento de analizar, el Partido Aprista ha congregado en sus largos años de lucha un número espectacular de estos ofidios. Es una verdadera lástima, porque el Apra hubiera podido ser la salvación del país. El gobierno de Alan García sacó a la luz la gran concentración de c. d. m. que tiene su partido. Personas por las que nadie hubiera dado algo. Pobre diablos que sobrevivían por que Dios es grande, gente gris, profesionales de mala muerte y similares, de un momento a otro se encaramaron en el poder para delinquir a sus anchas, desvalijando al gobierno y a los gobernados. Esta fue la primera manifestación corporativa de los c. d. m.

El origen del c. d. m. da pena contarlo porque toca una de las más típicas y optimistas instituciones de nuestra pasada sociedad: el criollismo.

Para definir el CRIOLLISMO, así con mayúsculas, habría que ser poeta. Se tendría que saber describir el trinar de las guitarras a las dos de la mañana acompañando aguardentosas voces que daban serenatas por las calles de los Barrios Altos o Abajo el Puente. Sale la pretendida o el homenajeado a la ventana, la cocina comienza a agitarse, se abre la puerta, los valses ceden a los pañuelos y arrancan las marineras y resbalosas, los vecinos socorren con sillas, llega el pisco y la cerveza, se llena la sala y se sale al callejón. Todo se ha convertido en un agasajo vecinal, aparecen nuevas voces y guitarras oyéndose acompasados golpes de cajón por carnosas manos. Se arma "una jarana como se pide chumbeque". Un negro coopera con el vibrante compás de una quijada de burro, después se le concede al cholo frutero un huaynito que todos se apresuran en bailar. Al alba sale un aguadito picante que mantiene la fuerte intensidad de la fiesta. ¿Preocupaciones? Sí, unas cuantas, pero no quitan el ánimo a nadie. "Lo que se ha de empeñar que se venda", todo se sacrifica en honor al Dionisio Criollo. Que "siga la jarana aunque no se coma mañana", literalmente. Nadie pregunta la hora, acaso sí el día. Como fin de fiesta los últimos interpretan un ronco y desafinado, no por eso menos patriota, Himno Nacional. La jarana acaba pero el criollismo subsiste.

- ¿Un poco irresponsables?

- Quizás.

- ¿Y el absentismo laboral?

- Pues sí, también.

Un moralista podría añadir otras consecuencias, sin embargo todo era genuino, nadie robaba al vecino ni se le engañaba, todos cooperaban más allá de lo que podían y, si alguna bronca emergía al calor de los alcoholes, ésta era directa. El cabezazo en la cara, nunca la puñalada por la espalda.

Había más: el CRIOLLO, tenía un humor innato, su mirada era franca, apretaba bien la mano al saludar, transparentaba cordialidad, confianza y lealtad. Sus excusas a errores y tardanzas las decía sin agachar la cabeza provocando la comprensión del oyente, no porque le creyese, sino porque quería seguir contando con los servicios de ese hombre o mujer que rezumaba simpatía y optimismo.

El CRIOLLISMO fue una característica de la clase media baja, pero su influencia abarcó todas las escalas de la sociedad, no era raro encontrar criollos de pura cepa en gente de alto rango y posición en la industria, la banca, el comercio. Para nuestra un botón: César Miró, miembro de la encopetada familia Miró Quesada, nació destinado a llevar el cuello rígido y reaccionario del clan, sin embargo se liberó a tiempo de los convencionalismos tribales y desde su bohemia puso la letra a ese criollísimo vals "Se va la Paloma".

- Si hombre, el de "estoy en pecado por tu cinturita".

El criollo..., el criollazo... hombres de valor. Me niego a investigar su mutación a "criollito de mierda", hipócrita, desalmado y cobarde. Es mucho pedir.

* * *

Hoy día, en todos los hogares del Perú que se hable castellano, habita más de un c. d. m. No hay que pintar ninguna puerta. El Angel Exterminador lo tiene fácil. Los Días de Ira han comenzado.

Todos nos hemos comportado alguna vez como un l. d. m. o un c. d. m.. Algunos nos hemos arrepentido esperando no caer otra vez en la misma falta. El asunto no es poner etiquetas que separen a los malos de los buenos porque todo es combinable, hay colores blancos, negros y grises. Además, los l. d. m. y c. d. m. no son exclusivos del Perú, se encuentran en todos los rincones del mundo y han vivido en todas las épocas de la historia. El problema esencial reside en la vocación y proclividad de toda nuestra sociedad a comportarse como esos desgraciados todo el tiempo, y hacer de la actitud honrada una excepción.

Días de Ira

Cuando no hay en quién confiar ni con quién hablar es porque el país está al revés, es entonces cuando los Días de Ira azotan a la Patria. No es Yahvé el que castiga, es la misma irresponsable sociedad putrefacta del Perú que se autoinmola con saña.



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