Lacrimosa
Lacrimosa dies illa,
Qua resurget ex favilla
Judicandus homo reus.
Huic ergo parce, Deus:
Pie Jesu Domine,
Dona eis requiem. Amen.
Oh, días de lágrimas llenos,
Del polvo resucitará
el hombre culpable a quien juzgarás.
Sálvalo, Dios mío.
Señor, buen Jesús.
Dale el reposo eterno. Amen.
Las he visto. Son pocas. Cada vez menos. Sus ojos están casi secos. No es de tanto llorar, es por algo diferente. Algo que he tardado en entender. Por fin después de observar y meditar creo que he encontrado la respuesta. No fue fácil. Primero creí que el dolor por la situación que atravesamos es tan profundo que no deja llorar a los criollos; después supuse que el odio a los líderes y gobernantes impide el llanto. Qué equivocado estaba, es por la culpa que se siente al permitir que el desastre haya ocurrido. Por eso el criollo apenas tiene lágrimas. Es comprensible. La escasa producción lagrimal se debe a la aceptación de su responsabilidad. Los cómplices nunca lloran mucho.
* * *
No podemos decir que son los gobiernos los únicos culpables y nosotros las víctimas. Es bien sabido que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. ¡Basta de lavarse las manos echando la responsabilidad a las autoridades!. Estas se han comportado como aves de rapiña, pero la población criolla lo ha permitido. Cuando digo criolla me estoy refiriendo a la clase media. Esta clase que tanto sufre, tanto se queja y cuando se encarama en el gobierno, no hace nada. Miento, roba como lo hacían sus antecesores, los aristócratas.
Para tener el valor de arrojar a los gobernantes del poder hubiese sido necesario, antes, abandonar los vicios que se han apoderado de nuestra conducta y de nuestra manera de pensar. ¿Con qué cara se puede reclamar honestidad a la administración pública cuando el pueblo es parte del sistema de corrupción? Se ha hecho la vista gorda cuando uno de los parientes o amigos robaban; ha pedido recomendaciones para obtener puestos que no está capacitado; utiliza material y personal del Estado para construir sus propiedades; engaña a los servicios públicos, los maltrata y destruye; no cumple en el trabajo...
- ¡Basta!
Por eso el pueblo llora poco. Porque es más culpable que todos esos desgraciados que figuran con nombre propio en este réquiem. Por otras razones yo también me uno al "mea culpa" colectivo.
Creo que mi posición ante el indio no ha sido claramente expresada. Se puede creer que soy un convencido de que el indio es un ángel que nunca ha roto un plato, y que todas las desgracias que le ocurren se deben a los criollos y a los blancos. No es así.
La raza indígena y el influenciado sector mestizo de nuestra población adolecen de los mismos defectos que todas las razas. Esto se hace evidente cuando alguno de ellos llega a ser jefe de sus paisanos. "El peor enemigo del indio es el indio", es un adagio que está sustentado por la sabiduría del pueblo. Sin embargo esos indiosdemierda, traidores a su raza, no restan brillo a las características sui géneris de nuestros autóctonos pobladores, muy diferentes a nuestra mentalidad occidental.
Los prejuicios que tenemos sobre nuestros indígenas son interesados. ¡Y quiénes somos nosotros sino uno de ellos con la sangre un poco más diluida! Si todos los indios fuesen ociosos ya se hubieran muerto de hambre hace tiempo. Si los indios siempre hubieran dicho la verdad ya los hubieran despellejados vivos los encomenderos o los gamonales o los gobernadores. Si el indio fuese alcohólico no hubiera sobrevivido hasta hoy. De este modo podríamos analizar uno por uno cada prejuicio y encontrar que carecen de verdad; sin embargo se han ido metiendo de tal manera en nuestra mente que gente preparada de nuestra sociedad los da por ciertos.
Nuestra población, la gran masa indígena o chola está tan indefensa ante el criollo que a veces miente, a veces se emborracha, y no le gusta ser sirviente. ¿Tiene esto algo de malo? Por supuesto que no. Pero la miramos con desconfianza porque no llora. No llora delante nuestro...
El terrorismo ha desatado una pasión por estudiar la idiosincrasia indígena. Antropólogos y sociólogos se atiborran diariamente de estudios sobre su carácter y psiquis. Leen hasta el amanecer, discuten hasta que se les cansa la lengua, investigan los menores detalles de la historia de los pueblos de la sierra, sus tradiciones y sus costumbres. Una vez intoxicados de tanta ciencia, vomitan teorías aberrantes que asombran a todo el mundo. Simposios, coloquios, mesas redondas, conferencias, entrevistas, son aprovechados para lanzar las más arriesgadas ponencias.
Algo muy similar sucede con los críticos de arte que de tanto analizar descubren propósitos que estuvieron totalmente ausentes en la mente del artista. Cuando leo muchas de las interpretaciones que los críticos dan, me pregunto si nos habrán visto la cara de tontos. Prefiero ver la obra de arte tal cual. Disfrutar de la lectura de un libro por lo que dice, y no enterarme si cuando el autor la escribió había peleado con su amante o si el bando le urgía pagar la hipoteca de su casa. Se ha exagerado mucho.
Cada vez se avanza más en desmenuzar el todo, para encontrar una parte que le dé sentido. Lo justo es que el todo da sentido a esa parte, y no al revés.
- Me fui... .
Regreso.
Me froto los ojos, no lo puedo creer. Me pellizco para ver si estoy soñando o si todavía estoy vivo. Los honorables científicos sociales han descubierto que el indio es cruel. ¡Ah, sólo así se puede entender a los terroristas!. Los honorables científicos sociales afirman que la semilla del odio contra el blanco y el criollo siempre estuvo latente en el indio. ¡Ah, distinguidos profesores, cómo hemos podido vivir tantos siglos sin saberlo!. Los honorables científicos sociales están de acuerdo en que la proclividad del indígena al alcohol y a la coca está enraizada en los genes. ¡Oh, sabios maestros, qué descubrimiento atroz!. Los honorables científicos sociales no se pueden equivocar, han estudiado mucho, han participado en conferencias internacionales, han recibido becas de gobiernos extranjeros, han escrito ensayos en revistas importantes, tienen muchos libros publicados; en fin, son realmente gente excepcional. Por ejemplo: han visto que cuando el indio está borracho le pega a la mujer; que llora más cuando se le muere una vaca que cuando se le muere un hijo; que tiene celebraciones sangrientas en las que se apedrean con sus vecinos muriendo algunos y quedando heridos bastantes. La metodología freudiana se aplica, se va a las raíces, a lo profundo de la psique, y se concluye sin dudas que el indio es un sujeto peligroso, cruel y sanguinario. Gracias honorables científicos sociales, ¡cómo podemos agradecerles que nos hayan quitado ese grueso velo de los ojos!. Por eso hay tanta muerte en la sierra. Por eso el Sendero Luminoso mata sin piedad. ¡Oh amables sabios, porque no os vais todos a la mierda!. (Disculpen nuevamente. No lo puedo evitar.)
Vamos por partes. La primera. La crueldad pre-hispánica era prácticamente inexistente mientras que toda Europa... Mejor recurro a Jesús Mosterín, catedrático de la Universidad de Barcelona, él dice que Europa: "hasta principios del siglo XVIII era sucia, chabacana y cruel... Las calles estaban llenas de excrementos... las matanzas, torturas y mutilaciones estaban a la orden del día... las quemas de herejes o sediciosos eran los espectáculos más populares... también la tortura de osos, perros, gallos y otros animales tenían su público soez y apasionado".
Segunda parte: La violencia en el mundo "civilizado" de hoy está más generalizada que en cualquier pueblo andino. ¿Qué se lee en los periódicos?, ¿no son crímenes? ¿Qué se ve en la televisión?, ¿qué se ve en el cine? ¿Por qué muchas personas de países "avanzados" dejan de ir al estadio a ver partidos de fútbol?, ¿cuántas personas fallecen en Los Angeles o Washington D. C. a causa de peleas callejeras? ¿No es alcohólico quién no puede dejar de tomar alcohol?, ¿ no se ve todas las noches por las calles de Ginza a los ejecutivos japoneses borrachos como unas uvas? ¿Y el alcoholismo en países europeos? ¿Y el alcoholismo juvenil y femenino en Estados Unidos?
Tercera y última: ¿quién es más cruel con las mujeres el indio peruano o el norteamericano o el europeo? Miles de esposas son golpeadas con crueldad por ciudadanos estadounidenses, ingleses, suecos, etc., muchas mujeres mueren a causa de esas palizas. Esos maltratos, desgraciadamente, están lejos de erradicarse. El injusto sometimiento de la mujer es practicado en casi todos los países: desde el Japón hasta los países árabes. La situación de la mujer andina es injusta y lamentable, pero este hecho no es tan cruel ni tan generalizado como en las sociedades de los investigadores sociales que la acusan.
Ninguno de los malos hábitos de países avanzados se puede comparar a las esporádicas borracheras y desmanes de algunos de nuestros indios o de algunas de las comunidades indígenas. Los honorables científicos sociales basan muchas de sus conclusiones en observaciones anecdóticas o en otros estudios igualmente equivocados. No ponen sus teorías dentro de un contexto estadístico ni comparativo.
Que respondan: ¿cuándo mata un indio a otro por un puñado de hojas de coca, como se hace todos los días en las más importantes capitales del mundo?
La calumnia va más lejos. Quieren apoyarse en nuestra sensibilidad occidental poniendo ejemplos repugnantes. Por ejemplo, que el indio llora más por la muerte de su vaca que de su mujer o de sus hijos. Visto con nuestros ojos se puede concluir que el indio tiene desapego familiar y un interés desmedido por los bienes terrenales, son tacaños y egoístas. Nuestros ojos, desgraciadamente, no pueden penetrar en la mente del indígena, él ve en la vaca a un ser que permite la continuación de la especie. A la mujer la puede reemplazar por otra, puede tener otro hijo: pero sin la vaca toda la célula familiar está en peligro: la esposa, los hijos y él.
Las anécdotas del cholo y la vaca las he oído tantas veces que me da asco recordarlas. El amor que tiene el indio a los animales es parte de su panteísmo y conciencia ecológica. Hablan a los animales con más respeto que a los hombres, de usted.: "coma su hierbita señora vaca". Un buen ejemplo para los "greens" de mundo.
* * *
El indio odia al blanco y al criollo. Otra falacia. No creo que merezcamos su amor, pero de allí a odiarnos lo suficiente como para matarnos hay un buen trecho. En todo caso no es un odio como el que nosotros expresamos en nuestros actos de violencia. Si el indio tuviese un odio realmente fuerte, hace tiempo que Lima hubiera desaparecido. Para bien o para mal, el justificado rencor del indio no ha sido lo suficientemente intenso como para que su pacífico carácter se disturbe. Las peregrinas explicaciones de decir que la violencia actual es el resultado de la acumulación de tantas vejaciones me parecen una burla. ¿Es que el punto de ebullición para la explosión indígena es 460 años de opresión? ¿Son las peculiarísimas condiciones socio-económicas de estos años más críticas que las anteriores? El indígena ha luchado, a veces, por su dignidad y para eso ha tenido que eliminar a su opresor (blanco o mestizo), pero le ha asesinado en cuanto opresor, no en cuanto blanco o mestizo. No le disgustaría que sus hijas se casasen con uno de ellos. Muy diferente al racismo que lucen algunos sectores de blancos, negros, judíos o árabes en otras partes del mundo.
¡Hablar de esto es ridículo!, como ya he comenzado no puedo dejarlo.
¿Se puede esperar que no guarde rencor una raza a quien se le ha ultrajado durante cinco siglos? Hemos pateado a los indios, despojado de sus tierras, asesinado, corrompido, intoxicado, y cuando vemos que nos miran rencorosamente, nos enojamos. ¿Creemos que no tienen sentimientos? Sí, aunque parezca mentira, los tratamos sin ningún miramiento, como si fueran animales de carga o peor. Ya ahora se les acusa de rencorosos.
- Son unos desagradecidos, no reconocen todo lo que hacemos por ellos.
- ¿Es decir que el mundo está al revés?
- Sí, señor.
- Ah, ¿ o sea que el hijo de p... soy yo?
* * *
A través de toda nuestra historia ha habido muchísimos levantamientos indígenas. Nunca tan bien utilizada la palabra levantamiento. El indígena estaba pisado y las pocas veces que osó levantarse fue pisoteado. Con raras excepciones (Juan Santos Atahualpa, Túpac Amaru) los levantamientos no pretendían tomar el poder. Eran actos desesperados contra injusticias insoportables.
Un pequeño pueblo o comunidad indígena se erguía de valor y suicidamente luchaba contra autoridades y los explotadores sabiendo que a la larga acarrearía mayores males. No eran ingenuos, sabían que les costaría la vida pero ya no podían aguantar más. Sin saberlo repetían lo que aquel gitano decía, "cuando muera que me entierren de pie porque toda mi vida he vivido de rodillas". Tanto en la Colonia como en la República los levantamientos fueron debelados en forma atroz. Ejemplos como el que voy a contar hay muchos: en la época del dictador Nicolás de Piérola (una importante avenida en Lima lleva su nombre) se levantaron los indios de la isla de Amantami en el lago Titicaca contra las injusticias del gamonal, le lincharon. El gobierno ordenó que dos buques de la armada bombardeasen la isla de 6 a. m. a 6 p. m. Nadie sobrevivió.
Los indios de Amantami sabían de antemano que el linchamiento causaría una brutal represión gubernamental, eso no importaba, el gamonal había pasado la capacidad de resistencia a los ultrajes. No importaban las consecuencias que tendría el levantamiento. A la hora de defender su "areté", la dignidad de un Aquiles ultrajado, nada era más importante.
Los levantamientos no indican, como nos quieren hacer creer, que los indígenas estaban en un constante estado de rebelión y que aprovechaban cualquier oportunidad para causar disturbios. Las rebeliones han sido siempre aisladas en tiempo y espacio. El indígena nunca ha podido enterarse que atrás de su cerro hay muchos hombres como él, dispuestos a unírsele. No sabe que la mayor parte del Perú está formado por personas como él. No es consciente del poder de la masa. Lo que sabe, y en lo que cree, es en lo que está al alcance de su vista y de sus tradiciones.
* * *
Decir que el movimiento del Sendero Luminoso es parte de una guerra milenaria es tan jalado de los pelos como sería confundir lo constante con lo esporádico. Lo constante es que el pueblo indígena ha sido y sigue siendo explotado. Su inmovilidad es salpicada por unas cuantas rebeliones que no ha mejorado la condición injusta en que se encuentra.
Nuestra tendencia a exagerar todo, y darle un tinte atávico o mágico hace que se quiera mostrar al indio en constante rebeldía. ¡Hay que tener mucha concha para decirlo!. ¡Es el colmo!
La diferencia más importante entre nuestra actitud occidental y la indígena es la visibilidad. Me explico: nosotros hemos sido educados para sacar medallas, ser el primero de la clase, ascender más rápido que nadie en la carrera profesional. Se admira al que es entrevistado en la televisión, al que tiene sus fotografías en los periódicos, al hombre público, al "number one" de lo que sea. Es decir cuanto más conocida es la persona más admiración se le tiene. He ahí nuestra aspiración máxima, ser visible. ser notable, ser importante.
El indígena es todo lo contrario, para él, lo importante es ser nadie, de esa manera sobrevive. No quiere ser visto porque si le ven le explotan más. El indio es más sigiloso que los sirvientes chinos. Habla en voz baja, no quiere hacerse notar. Hace su trabajo con el menor ruido posible y si se utiliza una herramienta trata que esta mantenga un sonido constante, adormecedor. Las empleadas de las casas hacen menos ruido que las geishas, (a propósito las llamamos empleadas "domésticas", es decir "domesticadas" por suponer que vinieron "salvajes"). Si contesta el teléfono cuando no está la patrona, dice: "no hay nadie en la casa". Qué terrible.
La sonrisa del indígena no dice mucho, puede decir cualquier cosa, que sí o que no, que le gusta o que no le gusta. Lo hemos obligado a ser ambiguo. No mira a los ojos, mira hacia abajo, es por temor a que descubramos sus pensamientos.
Frente al patrón sus movimientos son lentos, indecisos. Espera que en cualquier momento se le den nuevas órdenes o que le griten por no haber entendido las instrucciones. Nosotros creemos que lo hace porque es perezoso o tarado.
Cuando viene a reclamar algún derecho lo hace con una humildad rayana en servilismo. Hasta lleva un regalo para congraciarse con el que tiene la obligación de defenderle. Da grandes rodeos antes de llegar al asunto, está evaluando la posible reacción de la autoridad, llámese empleado municipal o sargento de la Guardia Civil. Sonríe nerviosamente estirando apenas los labios. Cuando llega al meollo del asunto lo dice de la manera más escueta posible dando la impresión de que se arrepiente por haberlo expresado; como si fuese un deber comunal o un castigo lo que le obliga a reclamar su derecho.
Debido a esto se ha extendido desde hace siglos la práctica paralegal de los "tinterillos". Esos mestizos que explotan la timidez del indio y le representan ante las autoridades. Es increíble lo que el indígena ha pagado para evitar enfrentarse personalmente. Su desconfianza no es paranoica, sabe a lo que se expone, ha tenido muy malas experiencias.
Qué distinto es el indígena cuando está con sus paisanos, es conversador, discutidor, risueño. Dice lo que tiene que decir sin temor. Es seguro de sí mismo. Su lengua es dulce y le permite expresarse en tiernas palabras. Le canta a la paloma, a la vicuña, a las estrellas, a sus cerros. El respeto ecológico es natural en él. Todo gira alrededor de la naturaleza, el amor, la muerte, la familia. He aquí unos ejemplos de huaynos ayacuchanos recopilados por Alejandro Vivanco en un libro que encontré en la Biblioteca de Música de la Ciudad de Nueva York ¿ Lo tendrá alguna biblioteca en el Perú?
Ahí se va mi palomita
con las alas extendidas,
en sus alas lleva flores,
y en su pico mis amores.
En el campo hermoso
de vuestro jardín
entre tantas flores
a tí te escogí
Vicuñita de Alta Puna
que bonita lana tienes,
Así son las huamanguinas
que bonito talle tienen
La sensibilidad del poblador de nuestras serranías es romántica. Enamorado de la vida del campo y apasionado por las mujeres como lo sería el más fogoso amante latino. Nosotros no hemos entendido nunca esto, no sabemos cuánto les duele dejar su ambiente, su mujer, su familia, sus cerros.
Quisiera ser mariposa
madrecita del alma mía
para en el cielo buscarte
y lindas flores entregarte
Ayacuchano, huérfano pajarillo,
¿a qué has venido a estos lugares?
Alza tu vuelo, vamos a tu tierra
donde tus padres lloran tu ausencia.
La aspiración máxima del indígena es que el criollo lo deje en paz. Y, el precio que está dispuesto a pagar es su invisibilidad.
Las consecuencias de la forzada renuncia a "ser alguien" son tristes y a la vez sorprendentes en sus resultados. El conformarse a vivir en la oscuridad ha hecho que el "informalismo" económico sea la mejor manera de sobrevivir al sistema legalista. Los vendedores ambulantes, las construcciones ilegales, el transporte público clandestino, las fábricas y empresas no constituidas legalmente y fuera del control estatal, son la manera natural en que se mueve la "invisible" y marginada sociedad andina.
El "informalismo" evita contactos con las autoridades abusivas e ineficientes. Promueve la organización sectorial entre los propios colegas y la autogestión natural y espontánea. Desarrolla la capacidad de defensa comunal ante los enemigos públicos, llámense estos, criminales o autoridades municipales y estatales. Una experiencia recomendable es visitar el "mercado" de Polvos Azules, justo detrás del Palacio del Gobierno. Yo recuerdo los tiempos (hace más de veinte años) en que algunos fines de semana llegaban vendedores de productos contrabandeados y los vendían en ese amplio estacionamiento, eso molestaba al Sr. Pereda que tenía una modesta platería en esa calle. Ahora el mercado de Polvos Azules es tan grande como cualquier mercado persa, cientos de pequeños puestos ofrecen una gama impresionante de aparatos eléctricos y amplia selección de vinos, licores, perfumes, de dudosa procedencia. Son cientos y cientos de metros de estrechos pasadizos llenos de minúsculos puestos con mercadería abarrotada hasta el precario techo. Pues bien, este mercado es la zona más segura de Lima: no tiene vigilancia policial. Los mismos vendedores se han organizado para proteger a sus clientes y a ellos mismos. Cuando se entra al mercado se tiene una sensación de claustrofobia y agotamiento humano; pasada la primera impresión uno se da cuenta de la seguridad que reina. Al final de la visita uno sale con temor de enfrentarse a calles guardadas por las autoridades policiales. El mercado de Polvos Azules es el más visible de los invisibles mercados del Perú. Sé que las autoridades pretenden, ahora, "regularlo". Acabarán con él.
Como es de suponer hay muchas mezclas étnicas. Cuando hablo del indio también me refiero al mestizo con fuerte sangre indígena que mantiene una conducta y un modo de pensar semejante. Casi la totalidad de nuestra población tiene sangre indígena en mayor o menor proporción. Hay unos más indios que otros, es verdad. En mi caso, la nariz proclama su procedencia. Hay cholos y cholos.
Es decir hay cholos que son más cholos que otros cholos.
- No me digan que no entienden.
Las características fisonómicas son sólo una parte de la influencia. La otra, la manera de pensar, también se ha heredado aunque se pretenda decir lo contrario. Es más, el comportamiento indígena prevalece más allá de la desaparición de los rasgos físicos porque la sociedad se encarga de diseminarlo.
La conducta que el indígena practica para sobrevivir se transforma en vicio cuando el mestizo la adapta para progresar. La mutación de pensamiento indígena más aberrante es creer que todo es cuestión de recomendaciones. "El que no tiene padrino no se bautiza", se dice sin rubor. Se ha perdido la confianza en el esfuerzo propio. Tener "vara" es garantía de triunfo, y no tenerla, de fracaso.
Pues bien, hemos materializado nuestra propia profecía. Se ha desarrollado un tráfico generalizado de influencias, real y cruel. Miles de peruanos tienen que pedir recomendaciones para exigir que se cumplan sus derechos. Millones más buscan padrinos para obtener privilegios que no merecen. Los pocos valientes que tienen las agallas de no pedir favores tienen que trompearse con medio mundo para defender sus derechos.
Toda la familia va en pos de la recomendación, las esposas hablan con los jefes de sus maridos para que les asciendan; los papás hablan con los profesores para que no desaprueben a los niños. Los familiares se pasan la vida buscando a alguien que tenga "vara" para entrar a los institutos superiores, conseguir becas o ganar concursos. Todo es a base de "palanca".
Añadan al componente indígena el factor español, y se junta el hambre con la necesidad: del esfuerzo por conseguir una caritativa recomendación a sobornar por ello no hay más que un pequeño paso.
Los negocios con el estado, desde la provisión de pisco a Palacio de Gobierno hasta la venta de carne a un cuartel del ejército, requieren una recomendación.
El triste corolario es que a nadie le pagan ni por lo que hace ni por lo que sabe. Algunos reciben en exceso y otros en defecto. El caso es tan extendido que hasta en las medianas y grandes empresas privadas se practica esta suicida costumbre.
Otra actitud proveniente de alguna mutación de conducta indígena es el no decir desde el principio las cosas tal como son. El indio lo hace para probar el terreno de su mensaje, evitando que el gamonal le castigue prematuramente. Nuestra sociedad urbana adopta esta actitud y la transforma en "verdades a medias", para ocultar, manipular, creer que sacará alguna ventaja más tarde, o simplemente para no comprometerse. No se dice al pan, pan ni al vino, vino.
El criollo o el blanco ha adquirido el hábito de mezclar su oscura explicación con una falsa sonrisa de complicidad para que el interlocutor le adivine algo que él quiere decir sin decirlo, porque si la respuesta es negativa, él bien puede decir que no quiso decir eso y se rectifica sin decir nada. Como "entre bomberos no se pisan la manguera", el interlocutor también responde de igual manera, es decir devuelve la risita acompañada de unas frases que pueden decir que entendió todo o que no entendió nada. En resumen, el arte de decir las cosas sin decirlas ha llegado a una sofisticación tal que hablar claro es ser mal educado.
Esto pasa a todos los niveles, entre amigos, familia, compañeros de trabajo, relaciones de negocios, sin embargo llega a niveles excelsos en la relación subordinado-jefe o trabajador-contratista. Por ejemplo, para obtener un servicio de reparación de lo que sea, ni el cliente dice todo lo que quiere recibir del servicio porque teme que le cobren más, ni el que rinde el servicio dice claramente lo que va a hacer por temor a que le exijan hacerlo. Todo queda a medias tintas menos la desconfianza, que es total. Al final las dos partes quedan descontentas, pero, aun ni eso se expresa claramente. El trabajador no sabe si el cliente regresará y el cliente siempre sale con la sensación de que ha sido engañado. En los raros casos en que el servicio ha sido bien hecho el cliente busca algún ínfimo detalle para quejarse, no le da una amplia felicitación porque cree que el cholo tomará alguna ventaja la próxima vez.
Aprovecho unas líneas para compartir mi repudio a un hábito muy emparentado al anterior. Existe un temor a abrir el corazón, la simpatía o la admiración hacia alguien, esto hace compensar las frases de elogio o de felicitación añadiendo palabras hirientes. Al que le muestra su precioso auto nuevo, se le dice: "realmente es muy bonito, vamos a ver cuánto te durará". Al que enseña las fotos de sus hijos: "tienes una familia muy simpática, suerte que se parecen a tu mujer". Al que obtiene una beca para estudiar en el extranjero: "vas a aprender mucho, claro, pero después no tendrás dónde trabajar". Empañar elogios, poner peros a triunfos, dudas a progresos, es reflejo de inseguridad y envidia. Es repugnante.
Más repugnante todavía es el "batir". Este hábito es difícil de explicar. "Batir" a alguien es zaherirle con cierto ingenio, continuadamente. Lleva un humor negro acompañado de burla que no es lo suficientemente abierta como para que la víctima mande al agresor al diablo. Son casos de crueldad sicológica que afectan más que latigazos, debilitan el carácter, lo quiebran y lo inducen a depresión y a desarrollar un complejo de inferioridad. El "batir" es constante, es un lavado cerebral perverso. El criollo "bate" constantemente al cholo, le imita, hace constantes alusiones a su físico, a sus temores o costumbres, le provoca sin enfrentársele directamente, hiere las partes más sensibles de su personalidad. Cada "batida" provoca resquebrajamientos en la dignidad.
También se "bate" a amigos y familiares.
- ¿Dijo familiares?
- Sí, dije familiares.
Padres a hijos, hijos a padres o entre hermanos.
- Hablar de esto me enferma.
En lugar de enfrentar y pedir explicaciones por malos entendidos, o disgustos; en vez de criticar cara a cara peculiaridades o hábitos que no nos gustan de los seres próximos, se recurre a "batirlo". Es más seguro porque lleva el arropamiento de la burla. La víctima para defenderse deberá usar un mayor ingenio y esto es difícil porque el atacante tiene la iniciativa y muchas veces la jerarquía. No "bate" el hombre sólido, él trata de aclarar la duda o criticar abiertamente el asunto. Quien "bate" es el mediocre y eso abunda en el país.
- ¿Tiene que hablar sobre esto?
- Sí. Es necesario.
- ¡Qué horror!
Como todo acto cobarde "batir" necesita cómplices. No se bate en la intimidad. Se bate con un mínimo de dos y el máximo de la teleaudiencia. Los mediocres requieren un coro para sus burlas por tres razones: Primera, para aplastar más a la víctima. Segunda, para que la presa tenga más trabajo en aplacar las risitas. Tercera, quizá la más importante, para que los cómplices amortigüen una remota respuesta violenta.
- Disculpen, voy a vomitar. No tardo.
- ...
- Regresé. Ahora Uds. pueden ir si lo desean.
La idiosincrasia del indígena ha contagiado subrepticiamente al mestizo y al blanco. Los gérmenes que defendían al serrano de sus explotadores se han mutado en nuestra sangre, y han degenerado nuestra conducta. Es la natural venganza de una raza que ha sido calumniada desde hace siglos y sojuzgada con propósitos inconfesables.
Es tiempo de asumir responsabilidades, ya no queda nada que salvar. La sociedad criolla es responsable del desbarajuste en que nos encontramos, sin embargo oigo voces que con aterradora ignorancia o desfachatez esquizofrénica apuntan con el dedo a los cholos.
- Si no fuera por estos no estaríamos así.
- Claro, y encima nos invaden. Deberían haberse quedado en sus cerro, caray.
Se cree que cuesta mucho su educación, que no pagan impuestos, que son una carga para el presupuesto de la nación, una molestia, origen de suciedad y foco de enfermedades.
- Si no fuera por ellos viviríamos mejor.
Basta mirar a vuelo de pájaro el presupuesto de la nación para ver que los limeños se tragan todo. Por otro lado, pensemos en lo siguiente: los indígenas subvencionan nuestros alimentos a través de los miserables precios que pagamos por los productos agrícolas; la suciedad de Lima es mil veces mayor que cualquier aldea andina; las enfermedades las sufren los que no comen, trabajan mucho, y viven mal.
Es inútil discutir porque hace años que nos lavan el seso. ¡Basta de echar la culpa a los gachupines!. Desde los orígenes del "pensamiento nacional" se ha creído que el indio es una sub-raza explotable. Aquí les va un ejemplo: La revista El Mercurio Peruano es considerada como el primer manifiesto intelectual organizado del concepto de peruanidad. Distinguidos próceres participaron en "La Sociedad Amantes del País" que auspiciaba dicha publicación, entre ellos Toribio Rodríguez de Mendoza y Joseph (no me he equivocado, lo escribían así) Hipólito Unánue. Bueno, "los amantes del país" publican en el número 344, folio 255 del 20 de Abril de 1794, lo siguiente: "el indio aunque racional es sin disputa corto de ideas". Hay muchos más ejemplos, en esta tantas veces elogiada revista, del "despertar de nuestra peruanidad" que nos infundió; mi estómago me impide transcribirlos.
En dos siglos no se ha cambiado este prejuicio a pesar de que hay muestras palpables de la creatividad y el desarrollo intelectual al que puede llegar el indígena. ¿Uds. creen que si el indio fuese "corto de ideas" hubiera desarrollado la economía informal que mantiene al Perú? ¿No se ve a indígenas recorriendo las capitales del mundo tocando su música andina, escabulléndose de la policía y viajando a las ciudades más lejanas sin saber ni siquiera bien el castellano? ¿Eso lo puede hacer un hombre corto de ideas?
Pero veamos otras perlas del acendrado racismo de nuestra sociedad. Castilla se arrepintió de traer chinos: "allí mezclados con nuestros naturales pervierten su carácter, degradan nuestra raza e inoculan en el pueblo y especialmente en la juventud, los vicios vergonzosos y repugnantes de que casi todos están dominados". Quizá Don Ramón Castilla fue influenciado por un español liberal que se quedó en el Perú y contribuyó a la educación del país, fue fundador del Colegio Santa Isabel en Huancayo, se llamaba Sebastián Lorente. Este educador se compadecía del resultado de la raza indígena por haber sido oprimida durante tantos siglos, sin embargo no tenía esperanzas en su recuperación; afirmaba: "yacen en la ignorancia, son cobardes, holgazanes, rateros, sin respeto por la verdad, y sin ningún sentimiento elevado, vegetan en la miseria y en la preocupación, viven en la embriaguez y duermen en la lascivia". Javier Prado, cuyo nombre completo es Javier Prado Ugarteche, hermanito de Manuel, el dos veces inepto y corrupto presidente del Perú e hijo de Ignacio Prado el también tristemente célebre presidente del que ya hemos hablado. Pues bien, Javier Prado, nombre que merecidamente lleva la avenida donde están las mejores mansiones de Lima, era un intelectual que lamentaba: "la influencia perniciosa que las razas inferiores han ejercitado en el Perú". Por esa época Fancisco García Calderón, otro intelectual peruano, envidiaba a Chile o Argentina por estar libres de "razas agotadas". Mas tarde Clemente Palma, prestigioso pero mediocre hombre de letras, afirmó en un libro escrito en 1897: "la raza india es una rama degenerada y vieja del tronco étnico del que surgieron todas las razas inferiores... sin carácter dotada de una vida mental casi nula... es inadaptable a la educación". Su hermano Ricardo, como vimos anteriormente, no estaba alejado de esas ideas.
En este siglo tenemos a Alejandro Deustua, reconocido pensador peruano, diciendo que "el Perú debe su desgracia a la raza indígena". Las citas en comillas las he extraído del libro "Buscando un Inca" de Alberto Flores Galindo.
Esto es lo que pensaban los intelectuales -no todos, gracias a Dios- y su influencia ha penetrado en nuestra sociedad hasta el día de hoy. Sobre este tema tengo en mi poder algunas cartas escritas recientemente por ciudadanos comunes y corrientes que me hacen sonrojar. Mejor paso a otra cosa, mariposa.
¡Cholo bruto! es un insulto que embarra a quien lo dice. Hay cholos brutos, muy brutos, brutísimos, como en cualquier raza. Yo puedo dar fe de estadounidenses tan brutos como el cholo más bruto; igual podría decir de los franceses, ingleses, italianos, belgas, españoles. Todas las razas tienen subnormales, pero no hay razas de brutos. El Perú parece no haberse enterado de que Hítler estaba equivocado y llevó a su país a una guerra desastrosa por inducir ideas racistas.
Ser racista en el Perú es sarcástico, irónico y estúpido, pero muy cierto.
Tenemos ilustres casos de indígenas puros o bastante puros que trabajan con la misma eficacia que cualquier científico, profesional o artista del mundo. Mencionar algunos sería una falta de respeto a los demás. No puedo evitar recordar sin embargo a una guapísima y talentosa compañera universitaria, su padre fue uno de los arqueólogos más notables que ha tenido el Perú, me refiero al Dr. Julio C. Tello cuyo pétreo rostro mostraba el tesón y la inteligencia de su raza. ¿Qué habrá sido de ella? Disculpen la divagación.
El Perú tiene, cada día más, cholos bajitos de tez bronceada y brillosa, de pelo indomable, ojos achinados y nariz ganchuda, en casi todas las actividades de la vida ciudadana, incluyendo la política, ej.: el discutido Alfonso Barrantes Lingán "Frejolito". Sin embargo, qué pocos son. Más grande debería ser nuestro asombro porque casi la totalidad de nuestra población tiene esa fisonomía. Los que han llegado un poco arriba no es porque la sociedad los haya ayudado, es a pesar de que los haya discriminado.
He visto a los inmigrantes andinos acomodarse a situaciones hostiles y establecerse con éxito en países como los Estados Unidos, Francia, Dinamarca y por supuesto en España. Ahora se sienten menos marginados que en el Perú.
La discriminación no es sutil ni sofisticada. Es brutal y descarada. Veamos el caso de los institutos armados. A la marina entran solamente blanquitos o los que tengan un apellido italiano. Esto no es un secreto, todo el Perú lo sabe. ¿Cuáles son las trabas legales que ponen para legalizar la discriminación? Pues muy fácil, el examen oral o de presencia y la talla. La discriminación es tan conocida que los jóvenes cholos no se atreven a presentarse a exámenes. Es decir que Cirilo Choquehuanca hijo de un pescador de Chimbote, que es un genio en matemáticas, que conoce historia, geografía, castellano, física, química, mejor que sus profesores, no puede entrar a la escuela de oficiales de marina en La Punta porque es indio y mide un metro cincuenta ocho centímetros. Si midiese 1.70 cms tampoco ingresaría, necesitaría haberse llamado "Espaguetti" y tener la tez blanca. ¿No es injusto esto?, o es que en las guerras navales se pelea a remazos y no utilizando sofisticados equipos electrónicos. Hablo de la marina por tomar la institución más racista. Lo mismo podría decir de la aviación.
El ejército es un poco más democrático, sin embargo también hay límites mínimos de talla. Increíble. La escuela militar acepta a unos cuantos "chutos", pero es poquísima la gente de tez oscura, como la del general Zenón Noriega (el esbirro de Odría), que haya llegado a general de división. Mayores oportunidades tienen los blanquitos como el general Ernesto Montaigne (él, que se quedó callado durante las tropelías de su jefe Velasco Alvarado) para ascender a los grados máximos. La Guardia Civil tiene cierto parecido con el ejército en este aspecto. De la Policía de Investigaciones del Perú (PIP) no hablaré por pudor...
En la Guardia Republicana, a la que se paga menos y que no tiene ninguna injerencia en la política, pueden entrar los medianamente cholitos, aunque sean algo bajos. Además acepta la promoción de las clases subordinadas, sargentos y suboficiales, a la oficialidad. (Hace tres años se ha cambiado el nombre de las instituciones policiales. Un acto oficialista característico del Perú: creen que disminuirá la corrupción cambiando las etiquetas. Es como reformar a los criminales dándoles nuevos apellidos).
El que se atreva a negar lo escrito arriba es ciego o nunca ha ido a un desfile militar. Los oficiales son altos y "blanquiñosos" y los soldados son bajos y cholos. Exactamente como los desfiles de las tropas colonialistas inglesas en la película de Gunga Dim. Para los de pensamiento riguroso admito que la tropa está salpicada de uno que otro simpático moreno bembón y quizás un oriental.
Un japonés, como Fujimori lo ha demostrado, tiene más oportunidad de llegar a ser presidente que general de división o almirante. Alguno quizá habrá, yo no me acuerdo de alguien. ¿Y Uds.? Los chinos y japoneses que son un fuerte componente de los habitantes de la costa tienen que probar otras profesiones. Medicina e ingeniería son las más escogidas.
Para terminar esta parte, recuerdo que cuando era un niño me enviaban a comprar comestibles al "chino de la esquina"; los asiáticos eran personas mayores, sin embargo nosotros les hablábamos de tú, como lo hacían nuestros padres. Ellos nos contestaban a veces de tú, pero nunca oí que tuteasen a mis padres. No era la costumbre. Mejor dicho era una costumbre arrogante.
Lacrimosa
Siempre es tarde para llorar, decía Salustio. Nosotros no somos la excepción a ese principio. Llorar de noche es triste, pero llorar de día, caminando por las calles de mi Patria, es pavoroso.
Después del llanto la pena sigue, se seca la garganta, se estruja el corazón y el pensamiento se hunde en un agujero negro. Uno queda ausente, lejos, hundido bajo el peso de un pueblo abrumado por la miseria y la desesperanza.
Señor, has exagerado. Si no te importan los sollozos de mi raza, qué haces allí.
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