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XI.- Los religiosos

Sanctus

Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus,
Deus Sabaoth. Pleni sunt coeli et terra gloria tua.
Hosanna in excelsis.

Benedictus, qui venit in nomine Domini.
Hosanna in excelsis.

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos. Lleno de Ti está el cielo y la tierra.
Hosanna en lo más alto de los cielos.

Bendito es aquel que viene en nombre del Señor.
Hosanna en lo más alto de los cielos.

1.- La llegada de los hechiceros

En octubre pasado esperaba a mi hermana a la salida de su trabajo, era cerca de la una de la tarde. Para entretenerme en el auto traté de sintonizar radio Victoria. Recordaba nítidamente los programas criollos de esa emisora allá por los años cincuenta. Algunas veces al salir de la universidad me acercaba a "La Cabaña" de donde transmitían el programa de los "Troveros criollos" o de la "Limeñita y Ascoy". Transportado a esos tiempos mis dedos guiaban con impaciencia la aguja del dial, finalmente llegué inequívocamente a la señal. Esta vez el locutor, miembro de una iglesia de nuevo cuño, anunciaba con acento centroamericano que un reverendo de origen brasileño realizaría "milagros" (sic) durante la ceremonia religiosa a la cual invitaba a los radioescuchas. Daba la dirección, resumía algunos prodigios realizados en ocasiones anteriores, hablaban testigos de curaciones milagrosas y ofrecían loas al Señor por su infinita bondad. Lo peor vino después: se invitaba a todas aquellas personas que no pudiesen asistir a que pusieran la mano sobre el receptor para recibir milagros similares. Esto es: curación de enfermos desahuciados, solución de problemas familiares difíciles, alcoholismo, bancarrota, desempleo, etc. No lo podía creer, transmitía radio Victoria, en Lima, el año 1991. No había bebido alcohol las últimas 24 horas. Era cerca de la una de la tarde.

Pero este caso no es único, el Perú se ha llenado de hechiceros y taumaturgos. La competencia de sectas religiosas e iglesias protestantes por el mercado de tibios católicos es aderezada por la aparición de "la iglesia informal"; es decir: la adoración a "vírgenes que lloran" aparecidas en muchos barrios, devoción a personas fallecidas en olor de santidad reconocidas sólo por sus familiares y / o empresarios, y otras devociones a cultos muy recientes. El panorama se complica con las nuevas técnicas de mercadeo utilizadas tardíamente por la Iglesia Católica. En términos económicos se podría decir que el monopolio del catolicismo se está derrumbando y aparece un oligopolio fetichista. Los signos prodigiosos, podría predecir un estudioso de la Biblia, aunados a las plagas que nos afectan son muestras palpables de que en el Perú se cumple el apocalipsis. Preferiría creer que todo esto sucede porque nuestro pueblo está desesperado por creer en algo. Unos creen en el terrorismo, otros en los carismáticos, esos en los mormones, aquellos en la Cruz de Chalpón, estos en Sarita Colonia, los de más allá en el Señor de los Milagros y los de más acá son evangelistas. Pero, todavía, la mayoría de los peruanos no cree ni en la madre que los parió.

No exagero un ápice. Los hechiceros han llegado. Vienen estadounidenses, latinoamericanos, franceses, hindúes, etc., y por supuesto los españoles que no han perdido la costumbre, tal como el padre Rodríguez, cura católico de la iglesia de Maranga, Lima, que realiza milagrosas curaciones frente a la televisión, en vivo y en directo vía satélite a todas partes del mundo.

- Señores. Qué orgullo. Vean que no sólo hay noticias de asesinatos fratricidas. Aquí también hay curaciones milagrosas.

- Así cualquier país sale en la primera página de la prensa mundial. ¡Arriba Perú! ¡No nos ganan!

"Porque hay muchos rebeldes, vanos habladores y embaucadores a quienes es menester tapar la boca; hombres que trastornan a familias enteras, enseñando por torpe ganancia lo que no deben". Epístola de Pablo a Tito.

- Inútil. La Biblia no la leen ni los protestantes.

2.- Cuidado Sancho, hemos topado con la Iglesia

Hay que tener mucho cuidado al hablar de los sacerdotes católicos porque en el Perú reconozco por lo menos a cuatro clases de ellos: la Jerarquía, los abandonados párrocos de pueblo, la iglesia moderna, las órdenes religiosas.

La jerarquía a través de a historia no ha sido otra cosa que aliada de todos los gobiernos. Se ha quedado callada al ver deportaciones, torturas, asesinatos, encarcelamientos. Ha sido muda testigo del saqueo a la hacienda pública, y de la corrupción generalizada. Se ha tapado los ojos ante el deterioro de la situación social del pueblo andino, y su discriminación racial. Ha estado sorda ante las quejas de los feligreses, víctimas de abusos y latrocinios. Los pocos obispos que quisieron sacudir la complicidad religiosa no tuvieron éxito, al final desaparecieron sin pena ni gloria.

Por lo tanto, no se puede exculpar de nuestra miseria moral y económica a la Jerarquía Católica. Al contrario, ella era la única fuerza que podía acusar la inmoralidad de las instituciones públicas. Sin embargo, no ha habido un solo período en la historia de nuestro país en que la Iglesia Católica significase una traba o freno para los voraces apetitos de nuestros gobernantes. Y cuidado, no quiero decir que ha debido pertenecer o apoyar una ideología o partido de la oposición, no. Me estoy refiriendo a que no ha levantado su voz contra el robo descarado y la utilización ilegal, inmoral y abusiva de la fuerza pública para acallar las protestas del pueblo.

Se podrá decir que no es el papel de la Iglesia ir acusando todo el tiempo a las autoridades. De acuerdo, pero también es cierto que no se puede ir al "Te Deum" de mano de los gobernantes y dar gracias a Dios por lo bien que nos ha ido. Es más, el convivir con gobernantes injustos y comer de su plato sin recriminarlos es inmoral y desorienta a los feligreses. Algunos l. d. m. al ver la cercanía social entre Iglesia y Gobierno podrían ponderar: "apoderarse del dinero público no debe ser un pecado tan grave", o "¿ tengo la obligación de amar a este indio de mierda?, nadie lo hace", o también, "si a fulano y mengano que son unos sinvergüenzas les va tan bien, comulgan públicamente y no se atragantan con las hostias, el único idiota soy yo que teniendo oportunidades no las he aprovechado": La gran mayoría del pueblo al ver el silencio de la Iglesia pierde la fe.

El asunto es sencillo: si el mal ejemplo viene de arriba los de abajo imitan. Si esto dura décadas o mejor dicho siglos, a nadie debe extrañarle de que la Iglesia Católica esté en crisis y que cada día haya menos vocaciones sacerdotales. Dentro de poco quedarán solamente misioneros, como aquellos rubios europeos que van a las antípodas para que se los coman. No estamos lejos, varios sacerdotes y monjas han caído víctimas del terrorismo y muchos más viven amenazados.

Si alguna vez la Jerarquía ha protestado por las prácticas corruptas del gobierno, lo ha hecho en forma tan discreta y con una divulgación tan reducida que quizá sólo Dios lo sabe, no así el pueblo. No creo que les hubiera costado mucho decir en el púlpito algo como: "Señores militares y políticos, robar es pecado, no lo hagáis porque Dios os castigará. Matar de hambre al pueblo es ir contra el quinto mandamiento de la ley de Dios, os vais a condenar. Señoras y señores que cobráis un sueldo en las dependencias del Estado y no vais al trabajo o no laboráis estando en él, eso es muy malo, se llama engaño, y a Nuestro Señor Jesucristo le debe enojar mucho. Profesores que no preparáis vuestra clase vais a ser presa del fuego eterno, lo mismo les pasará a los que acaparan alimentos o a los que destruyen la propiedad pública. Hermanos marinos, aviadores, empresarios, dejad de discriminar al cholo, eso es soberbia, el único pecado que Dios no perdona, si no preguntadle a Luzbel; todos somos iguales ante los ojos del Señor y ante un examen de admisión. Señores congresistas, preparaos para vuestra misión, no habléis por hablar, no confundáis al pueblo, dad el ejemplo, sed responsable". En fin, a los obispos, no les hubiese faltado motivos para hacer recordar a los feligreses que la iglesia no puede perdonar los pecados mortales de los que arruinan al país por ambición y egoísmo.

¿No es un crimen la reacción de la Jerarquía ante el golpe de estado de Fujimori? No habido condena ni excomunión ni carta pastoral que haya respaldado las protestas airadas de todo el mundo. La Jerarquía irá de muy buen gusto de la mano del tiranuelo los próximos Te Deums, no lo duden.

3.- El cura del pueblo

La segunda gran Iglesia Católica la dirigen los curas de pueblo. En este grupo debemos incluir a aquellos que trabajan en los barrios marginales de las ciudades. Curas pobres, abandonados a su suerte, sin supervisión, entrenamiento, ni recursos morales o económicos para realizar su labor. Mientras son jóvenes mantienen la ilusión apostólica la cual se extingue rápidamente al encontrarse aislados. Aun así, estos sacerdotes consuelan a sus feligreses: con sus sotanas raídas y descoloridas, llevan a cabo bautizos, matrimonios, etc. Hace mucho tiempo que sus parroquias dejaron de ser ricas, ahora sobreviven de las migajas del cacique del pueblo o de las autoridades públicas. En estas condiciones no se pueden atrever a denunciar atropellos. Callan, ceden y reducen su labor a repartir sacramentos. Nadie debe sorprenderse que caigan en vicios como el alcoholismo o que consuelen con generosidad su celibato.

La escasez de sacerdotes ha hecho que muchas parroquias pueblerinas están abandonadas o hayan sido agrupadas, lo que hace difícil el cumplimiento de las obligaciones sacerdotales. La llegada del terrorismo está precipitando el éxodo. Los pocos sacerdotes de pueblo que todavía cumplen activamente su labor apostólica son los verdaderos santos de la iglesia peruana. De esa iglesia que todavía no ha santificado al "cura desconocido" que sería sin lugar a dudas el más venerado y milagroso de todos los santos.

4.- La iglesia moderna

La tercera Iglesia Católica está dirigida por una cantidad cada vez más reducida de valientes sacerdotes dedicados a su labor parroquial e interesados en mitigar los rigores económicos que abruman a sus ovejas. Los comedores parroquiales son una de las obras más piadosas de esta iglesia. Dar de comer al hambriento ha llegado a ser la virtud más practicada en muchas parroquias del país. También realizan otras labores que sería largo enumerar. Su acción empresarial y comunitaria es ejemplar. Una de las barriadas de Lima, Villa El Salvador, obtuvo merecidamente el premio internacional Príncipe de Asturias por el excepcional progreso de ese asentamiento humano apoyados por abnegados e inteligentes militantes de la Iglesia Católica. El lema practicado por ellos es "a Dios rogando y con el mazo dando".

¿Qué más se puede pedir? Estos modernos sacerdotes cumplen calladamente su labor y calladamente también están desapareciendo. Después de muchos años al servicio de esta Iglesia dos buenos amigos de la juventud han dejado por razones personales el sacerdocio. Valiente decisión y a la vez triste.

Sin relación a lo anterior, no puedo dejar de mencionar que los l. d. m. tienen la guía espiritual que se merecen. Curas de la "socialité", racistas, elitistas, quieren impresionar con sus estudiadas poses "aperturistas". De vez en cuando se adhieren a una protesta pública para mostrar su "aggiornamento", sin embargo no hacen nada por enseñar a su manada la importancia del amor al prójimo, y el más prójimo es el sirviente y el vendedor ambulante. El distanciamiento con la realidad peruana de estos sacerdotes es un mal ejemplo y contribuye a la proliferación de los l. d. m.. Creen tener hasta su propio cielo. Recuerdo a ese conocido cura que se hace el moderno y progresista, sale en todas las páginas sociales y ...... disculpen. Criticarlo como merece empañaría a tantos otros que son dignos de admiración.

Una organización católica excepcional es Caritas. La revista de negocios Fortune la considera como la más eficiente institución benéfica del mundo. Cuando uno ve que muchas de las ayudas internacionales terminan en manos de los acaparadores y llenan los bolsillos de empleados corruptos, es confortante constatar que Caritas se mantenga en la línea de austeridad y eficacia.

Me atrevería a creer que la iglesia moderna del Perú concentra sus esfuerzos al poner en práctica los fundamentos del Evangelio. Desgraciadamente este esfuerzo es insuficiente y llega tarde para devolver a nuestro pueblo el amor al prójimo. Además, los fariseos de la Jerarquía no ayudan en la tarea, más bien lo que hacen es confundir a la grey de Dios.

5.- Las órdenes religiosas

Desapareció después de las espléndidas fiestas de carnavales que pasamos en Ica. Era muy guapo, alegre e inteligente. Siendo tan joven, veintitantos años, tenía un automóvil convertible comprado con su trabajo, y dinero para gastar. Nosotros le envidiábamos. Pero "Cali" dejo todo, ingresó en el convento franciscano de Ocopa y por más de treinta y cinco años llevó acabo tareas misioneras y educativas en zonas olvidadas por la mano del hombre. El "Zorro", su hermano, me dijo hace poco tiempo que "Cali" había fallecido al volcarse su lancha cuando atravesaba un río en la selva. "Cali" Cantella se unió a los miles de sacerdotes que han sacrificado su vida cumpliendo la misión apostólica.

Durante varios siglos los franciscanos y otras órdenes religiosas han llevado la civilización al Perú profundo. Por favor, dejémonos de críticas sobre su participación en la Conquista y en la Colonia. Eso ya pasó, y aún en esa época el padre Bartolomé de las Casas y el trabajo de los jesuitas en granjas comunitarias dejaron huellas que otros sacerdotes seguirían los años venideros. Los misioneros fueron los primeros en describir con asombro y precisión las bellezas naturales del Perú y sus pobladores. Antes que "los amantes del país" y Raimondi ya varias obras de dominicos, mercedarios, agustinos y franciscanos habían sido publicadas. Esa labor continuó el siglo pasado. La muerte de "Cali" y su antecesor el padre Mujica, famoso cantante mexicano que también ingresó en el convento de Ocopa, confirman que en este siglo la luz sigue prendida. Quizá débil, pero aún arde.

Sin embargo la labor de los misioneros se ha complicado. Antes tenían que cuidarse de los peligros naturales creados por Dios, ahora Satanás los aniquila con peligros antinaturales: el narcotráfico y el terrorismo. Dios no está, los dejó solos. No hay gallo que cante.

Siguiendo la orden peninsular de Carlos III, los jesuitas fueron expulsados del Perú el 9 de setiembre de 1767 por el virrey Manuel de Amat y Junient. Dejaron modernas granjas agrícolas en las cuales se trataba al indio como lo que es: un ser humano. Cuando regresaron al Perú, a mediados del siglo pasado, se dedicaron a la educación de las clases acomodadas. Los jesuitas y otras órdenes religiosas como los Hermanos de las Escuelas Cristianas, los Maristas, los Claretianos, Agustinos, etc., (lamento mi ignorancia en cuanto al nombre de las órdenes de las monjas, no así sus colegios: Villa María, San José de Cluny, Santa Eufrasia, Santa Ana, etc.) vieron la importancia de llenar el vacío de las deficientes escuelas públicas. Sus colegios admiten sólo a los que pueden pagar; admitir a todos sería poco menos que imposible, no habría recursos suficientes para tomar en sus manos la educación del país.

En Lima hay colegios para gente rica como el Santa María o para la proletaria como el Salesiano. En provincias el menú es menos variado, sin embargo no hay ciudad donde las religiosas y sacerdotes no tengan centros educativos.

Hasta aquí toda iba bien. Ahora evaluemos si esta educación ha sido beneficiosa o no para el Perú. Encontramos que la primera dificultad es escoger el parámetro con qué examinarla. Si pedimos la opinión a los pedagogos, sociólogos, politólogos, y demás "gogos y logos", acabaríamos confundidos. Recurramos por lo tanto al Evangelio, libro que los religiosos no objetarán. Jesús dijo, según San Mateo, "por sus frutos los conoceréis". Veamos cuales los "frutos" de las escuelas religiosas: se puede decir sin temor a equivocarse que el promedio de sus egresados salieron mejor preparados que el promedio de las escuelas públicas y laicas. Más tarde esos jóvenes, que además poseían mayores recursos económicos, entraron en buenas universidades y llegaron a ser los líderes de nuestra Patria, y es precisamente esta clase dirigente la que ha ocasionado la debacle moral y económica que exhibimos. Los "frutos" de la educación religiosa, especialmente los egresados de los colegios para la clase pudiente, han sido los que acabaron con el país, se olvidaron del indio, se olvidaron de qué es el Perú y vivieron y viven dentro de una alienación total. La hipocresía, consciente o no, se ha apoderado de nuestra sociedad llena de prejuicios e incapaz de apreciar el dolor del prójimo. Preguntémonos, ¿dónde han estudiado la mayor parte de los ministros de los gobiernos pradistas, belaundistas, fujimoristas y aún apristas? Esos son los "frutos" de la educación impartida por las órdenes religiosas que han enseñado paradójicamente más matemáticas que valores cristianos. Porque comulgar los primeros viernes y darse golpes en el pecho sin ver cómo sufre la servidumbre, los obreros y empleados, es una práctica farisea. No hay duda alguna, es evidente: los "frutos" de los colegios religiosos son los que ahora roban, los que hacen negociados en las licitaciones públicas, los que piden coima, etc. ¿Pregunten dónde estudiaron los l. d. m. que han jodido al país? No lo hicieron en el Guadalupe ni en el Mariano Melgar.

Excepciones y disculpas hay por montones: se dice que también han influido factores étnicos, sociales y económicos. Todo eso es debatible, pero lo evidente es que si nuestro país está en la situación en que está es porque ha habido hombres que lo han causado, y estos hombres son "frutos" de la educación religiosa que hemos recibido. No hay disculpas ni peros que valgan.

Una vuelta más al torniquete. ¿Qué instrucción religiosa se imparte en los colegios para clases pobres o indígenas? Respuesta jesuita: "ora et labora", que se traduce: reza y friégate trabajando, no te quejes, no importa que te exploten. La educación de que la vida es resignación, de que la felicidad está en el cielo, de que peor le pasó a Jesús en la cruz, de tantas procesiones de cristos crucificados, de Marías dolorosas y de mártires torturados, han desarrollado un espíritu de renuncia a protestar por el dolor propio. ¿Cómo puedo atreverme a quejarme si el mismo Dios ha sufrido infinitamente más que yo?

Encontramos así que la educación religiosa cambia de acuerdo al ingreso económico y posición social del educando. Para unos ser cristiano consiste en dar limosna, ir a misa, confesarse y comulgar una vez al año. Para otros, procesiones, resignación a las injusticias y a la pobreza. Lo común en las dos es que a los ricos no se les habla de los pobres y a los pobres no se les habla de los ricos. Educaciones separadas, políticamente manipuladas y totalmente desintegradas.

El presidente Kennedy promulgó la ley de integración racial obligando a todas las escuelas de blancos a aceptar a negros. Más aún, tienen la obligación de recogerlos de los guetos y llevarlos a sus inmaculados colegios. Kennedy fue el primer presidente católico de Estados Unidos. En el Perú las escuelas católicas no aceptan ni promueven ni les interesa integrar al cholo pobre con las clases ricas, con el "blanquiñoso". A nadie le debe sorprender que hayamos llegado a donde estamos y la mirada de nuestra población sea extrávica. Yo tuve el privilegio de no continuar mi educación en el colegio de La Salle porque mi padre no pudo completar la matrícula. El hermano Hipólito no aceptó los ruegos de mi madre; tuve que ser matriculado en el colegio nacional Mariano Melgar. El "cojo" Hipólito me hizo un inmenso favor, pude tener la oportunidad de convivir con una juventud vibrante, la juventud del Perú marginal que se esfuerza por sacar la cabeza de la miseria. Mejor termino esta parte.

"Por sus frutos los conoceréis". Miren al Perú, los frutos son malos. Se podrá argumentar que ha habido muchos otros factores que han influido. Sea, pero en cualquier caso la educación impartida por religiosos y monjas ha sido un desperdicio de esfuerzos y de vocaciones.

Examen final: matemáticas muy bien; física excelente; castellano bien; historia aceptable, pero en compasión por los pobres, en reconocimiento de desigualdades económicas, en igualdad racial, en honestidad, en entereza, y materias similares, la educación impartida por la Iglesia Católica está reprobada.

6.- La teología de la liberación: ¿oportunismo político?

El tambor batiente de esta teoría en el Perú es el sacerdote Gustavo Gutiérrez. Su prestigio ha trascendido nuestras fronteras. Ediciones Sígueme de Salamanca, España, publicó la primera edición de su libro "Teología de la Liberación" en 1972. Para 1990 ya habían salido catorce ediciones más. Éxito editorial muy explicable.

La rebeldía de Gutiérrez en el Perú, de Leonardo Boff en Brasil y de muchos teólogos afines, ha hecho cometer a la Jerarquía Católica injusticias propias de la Inquisición. Boff ha sido el más apaleado, su orden franciscana en Roma le ha castigado en seis ocasiones incluyendo un año de forzado silencio. Según el mismo teólogo, le están quitando la esperanza "que es peor que perder la fe". Últimamente fue destituido de su cargo de redactor jefe de la revista "Vozes".

La Jerarquía se ha equivocado una vez más. Al tratar de proteger a la Iglesia de las críticas por su connivencia con los poderosos, ha atacado a los mensajeros de una errónea propuesta teológica. Aclaro: no ha rechazado las bases de la teoría de la liberación, lo que está defendiendo es su sacra imagen bastante vapuleada por los tiempos.

- Es confuso, ¿verdad?

- Leamos a Gutiérrez a ver si nos aclara.

La teología de la liberación parte de su compromiso "por abolir la actual situación de injusticia y por construir una sociedad nueva".

- ¡Bravo Gutiérrez!.

- Espera. Sigo.

La práctica de ese compromiso se traduce en "la participación activa y eficaz en la lucha que las clases sociales explotadas han emprendido contra sus opresores. La liberación de toda forma de explotación, la posibilidad de una vida más humana y más digna, la creación de un hombre nuevo, pasan por esa lucha"

- ¿Oí bien?, ¿la iglesia debe promover la lucha de clases?, ¿y la democracia, mangos?

- Así dice Gutiérrez en la página 339 del susodicho libro.

Sobre la propiedad privada escribe: "evidencia la necesidad de su disminución o supresión en aras del bien social. Habrá pues, que optar por la propiedad social de los medios de producción". Pag. 164 (las letras negritas son de Gutiérrez).

Antes de comentar los párrafos anteriores recordemos que su libro publicado en 1972 está basado en la conferencia pronunciada en el "Encuentro nacional del movimiento sacerdotal ONIS", julio de 1968, en Chimbote, Perú. Esa conferencia fue reelaborada y presentada al año siguiente en Suiza. También por esos años los obispos latinoamericanos se habían reunido primero en Medellín y después en Puebla, llegando a conclusiones positivamente sorprendentes: por primera vez la Jerarquía Latinoamericana protestaba por la situación injusta en la que se encontraba el pueblo. En esos inquietos años los curas de todos estos países lanzaban comunicados de encendido contenido político. ¿Qué había pasado?, ¿a qué venía este arrepentimiento tardío?, ¿cuál era la situación política en Latinoamérica? Veamos un poco el panorama: en el Perú, el general Velasco Alvarado había usurpado el poder en 1968 y comenzando un gobierno populachero de izquierda ineficaz y corrupto. En Cuba, Castro estaba en su apogeo, Gutiérrez lo cita con admiración. En México se entroniza por seis años Luis Echeverría, demagogo de la misma izquierda torpe; de la izquierda sin ton ni son que paralizó el progreso de México empobreciendo a los pobres y enriqueciendo a los políticos; el mentor espiritual de Echeverría no fue otro que el obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo, citado lógicamente por nuestro teólogo liberador. En Chile todavía seguía vivo Salvador Allende, expropiando y arruinando democráticamente la economía; el "gorila" de Pinochet todavía no le había tomado la medida. En Colombia las guerrillas pretendían alcanzar el lado heroico de la lucha con la participación del cura Camilo Torres, citado con admiración y sana envidia den muchas partes del libro. En fin, los gobiernos de izquierda y las guerrillas eran la respuesta a la situación económico-social de Latinoamérica. En Europa eran las manifestaciones turbulentas de los estudiantes las que protestaban, y hasta en Estados Unidos los estudiantes y los líderes negros convulsionaban la paz del "establishment".

La teología de la liberación toma una bandera y la levanta. Quiere unirse al carro del triunfo. Responder "al signo de los tiempos, a la lucha de clases, a la toma del poder por los proletarios. Si no lo hace, piensa, se quedará fuera del pastel. Y la iglesia siempre ha estado con el que parte y reparte. La Iglesia que no denunció el abuso durante siglos, ni en los años 1940 ni en los cincuenta, sólo lo hizo a fines de los sesenta cuando las agotadas voces de protesta de intelectuales manipuladas por el totalitarismo soviético contra el imperialismo americano.

Eso fue hace veinte años, durante todo este tiempo Gutiérrez cree y predica la "lucha de clases", la propiedad social de los medios de producción y todas las letanías comunistas que han acabado con la Unión Soviética y con el Partido Comunista. Para él la injusticia social se acabará cuando los de abajo tomen el poder. En otras palabras, depende de quién sea el gobernante para que el mundo cambie. Esa simplicidad aterroriza porque el afamado sacerdote no ha visto que lo primero por hacer en el Perú es mejorar las raíces. A propósito: mi amigo Alfredo oyó decir que el país era un piano desafinado, cualquiera que lo toque lo hará mal. Mi amigote del alma que acababa de descubrir el mundo de las computadoras lo dijo de otra manera, "el Perú es como un ordenador que tiene estropeado el sistema básico, cualquier programa que insertes no funciona". Si algo podría revivir a nuestra Patria es "afinar el piano", componer "el sistema básico". Gutiérrez y sus afines liberadores no creen en ello, prefieren predicar la "lucha de clases".

La influencia de la teología de la liberación ha sido nefasta e inútil. Nefasta porque ha engañado a muchos jóvenes desorientados y ingenuos adultos. Ha alentado a guerrillas y terroristas. Ha dado oportunidad para que los militares pretendan justificar la brutal represión que ha asesinado a miles de inocentes. Por un Camilo Torres que murió, millares de desconocidos guerrilleros dejaron su vida inútilmente. Sí, ahora se puede decir inútilmente. Ahora que han pasado veinte años desde la publicación de la teología de la liberación podemos verla a la luz de los acontecimientos mundiales y nacionales. Ni la lucha de clases sirvió ni la expropiación dio resultados ni la liberación del indígena o del cholo ha sido llevada acabo.

La Jerarquía ha cometido el error de perseguir a los seguidores de la teología de la liberación por sus ideas religiosas y no por sus aventuras políticas. ¿Por qué la Jerarquía se quedó callada los primeros años? La respuesta es obvia: porque en aquellos años podía haber significado una oportunidad para encaramarse al poder si los totalitaristas triunfaban.

En lugar de acallar a los teólogos liberadores lo que debía hacer la Jerarquía es enviarles como misioneros a Ucrania y Rusia a ver si sus teorías libertarias convencen a los que sí tuvieron su "lucha de clases" y su "propiedad social". Y en este sarcasmo está la lección olvidada: la principal fuente de liberación de todas las injusticias sociales es la democracia y la libertad, ambos objetivos totalmente olvidados por Gustavo Gutiérrez, teólogo totalitarista, y su banda.

La consideración a su esfuerzo por analizar los orígenes de la injusticia, la valentía por denunciar una iglesia cómplice y complaciente, su indudable esfuerzo intelectual, su honestidad y entrega a "la causa", etc., podría hacer que uno mediatice juicios severos sobre Gutiérrez, sin embargo sería injusto, porque es honesto hablar claro y dejarse de medias tintas. El desvelo y la honestidad intelectual no sirven si el objetivo es erróneo; un sabio refrán dice que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones.

7.- Nuestros santos

El centralismo limeño y la discriminación indígena también abarca a la santidad. Un vistazo a vuelo de pájaro confirma esta tesis: hemos tenido muchos santos, la mayor parte importados y algunos de cosecha nacional, pero todos ellos ligados a la capital o nacidos en ella. No es coincidencia, es simplemente la "obsesión centralista" que pretende llegar al cielo. Santo Toribio de Mogrovejo nacido en Mayorga, España, fue Arzobispo de Lima; San Francisco Solano, misionero franciscano, murió en su convento en Lima; el dominico San Juan Masías, el franciscano Juan Gómez y el mercedario Pedro Urraca también vivieron y murieron en olor de santidad en sus conventos limeños. Eso por el lado español. Por nuestra parte tenemos dos santos Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres. Ninguno de los dos tiene algo de cholo y ambos son limeños. La primera era descendiente de criollos de raza 100% española, el segundo, como su color lo indica, era mulato: su madre era una negra liberta nacida en Panamá y su padre, Juan de Porres, era de Burgos. Este Caballero de la Orden Militar de Alcántara no fue tan caballero, en la partida de nacimiento del santo indica que su padre "no es conocido".

- Mejor sigamos.

Santa Rosa de Lima fue una mística que se azotaba, rodeaba su cintura con cilicios de hierro y se imponía ayunos terribles, por eso la Iglesia la nombró Patrona de América y de Filipinas: buen ejemplo para las masas que reciben disciplinas no solicitadas. Nuestra Santa no fue fundadora de conventos ni mecenas de arte como la española Santa Teresa de Jesús ni poetisa excelsa como la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, pero por amor a Cristo se arrimaba cada castigo corporal que podría causar envidia al más impasible fakir. No debe sorprender que la devoción a Santa Rosa haya venido a menos. En este siglo no se admira los castigos propios, suficiente se tiene con los externos. Opuesto es el caso de su coetáneo el mulato fray Martín. El ganó en vida y en muerte el cariño y admiración de los peruanos por haberse dedicado a la curación de enfermos, a la ayuda a menesterosos y a la protección de los necesitados. Desde su modesta condición de portero de convento y enfermero se daba cuenta de la miseria del pueblo y procuraba limosnas para atender sus obras. Claro que, mientras a Santa Rosa la elevaron a los altares a pocas décadas de su muerte, al mulato le costó más de tres siglos ser reconocido Santo de la Iglesia.

Yo le conocí todavía beato, el beato fray Martín de Porras, no Porres. El color y abolengo también influye en nuestra Iglesia.

A la beatita de Humay y a mi paisano el humilde cholo chiclayano Nicolás Ayllón les falta mucho camino por recorrer porque en el Perú hasta a los indios se les discrimina de los altares. Si estuviésemos en México ya el cholo Ayllón hubiera tenido su basílica, y a las visitas a Humay hubieran sido apoteósicas. La Virgen de Guadalupe no se le apareció a un arzobispo altruista ni a una monja masoquista. Se le presentó a un modesto indio analfabeto que apenas hablaba castellano, pero por tener un corazón de oro fue bendecido con la aparición. La Virgen de Guadalupe tiene la connotación autóctona que cautiva el fervor de los mexicanos y hace del 12 de diciembre la festividad, religiosa o laica, más importante del país hermano. Cientos de miles de peregrinos llegan de todos los pueblos a celebrar la aparición de la Virgen al indio Juan Diego. En cambio, el 30 de agosto, la fiesta de Santa Rosa de Lima es celebrada por poquísimos fieles y por la Policía del Perú, de quien es patrona...

Sanctus

Bendito es aquel que viene en nombre del Señor. Hosanna en lo más alto de los cielos.

Señor, tus enviados se niegan los unos a los otros, ¿cómo reconoceremos a los verdaderos?

Francamente, Señor, están pasando cosas muy raras. Tú que eres Santo, Dios de los ejércitos del cielo y de la tierra, ¿por qué no envías menos y mejores?, ¿no tendrás por allí algún cholo que nos entienda?

Hosanna en lo más alto de los cielos.



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